Manifestantes llegaron hasta el Congreso de la República, ayer, para celebrar la renuncia de Manuel Merino a la presidencia de la República. Hasta la medianoche, sin embargo, el Legislativo seguía sin designar a su nuevo titular. (Foto: Miguel Yovera/@photo.gec).
Manifestantes llegaron hasta el Congreso de la República, ayer, para celebrar la renuncia de Manuel Merino a la presidencia de la República. Hasta la medianoche, sin embargo, el Legislativo seguía sin designar a su nuevo titular. (Foto: Miguel Yovera/@photo.gec).
Editorial El Comercio

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Ayer, minutos antes de las 10 de la noche, la lista encabezada por (Frente Amplio) para ocupar la Mesa Directiva del (obtuvo 42 de los 60 que requería). Más allá de cómo termine este galimatías (este editorial se escribió mientras el Parlamento todavía seguía buscando una fórmula de ‘consenso’), nada borrará la imagen que dejaron anoche los legisladores: la de que, en uno de los momentos más difíciles del país, y luego de una jornada luctuosa como la del sábado, fueron incapaces de arreglar el desastre que ellos mismos provocaron. En breve, que se pusieron de costado. Algo nada novedoso, por cierto, pero que ayer pareció romper todos los parámetros.

En realidad, lo de la noche fue apenas la coronación de todo un día en el que, desde muy temprano, el Legislativo no parecía interesado en salvar rápido la crisis política. Como se recuerda, en la mañana, la Junta de Portavoces se reunió por convocatoria del legislador Luis Valdez (Alianza para el Progreso). Luego de la sesión, el señor Valdez comunicó que habían tomado a a que renunciara a la presidencia (solo cabe esperar que, en caso de que este último se hubiese negado a dar un paso al costado, lo habrían destituido prontamente). Minutos después, el propio Merino anunció que dimitía al cargo y se abría, entonces, la posibilidad de que el Congreso lo sustituyese en poco tiempo. La expectativa, sin embargo, se fue diluyendo con el correr de las horas.

Durante la tarde, por ejemplo, parecía claro que los partidos presentes en el hemiciclo se alinearían para respaldar una fórmula encabezada por un miembro de la única bancada que votó contra la vacancia de : el Partido Morado. Esa, se suponía, era la opción más coherente y políticamente viable luego del rechazo masivo de la ciudadanía a quienes auparon a Manuel Merino al poder hace exactamente una semana.

Horas después, no obstante, ocurrió un hecho singular. Se anunció, en un primer momento, que la lista consensuada estaría encabezada por la legisladora Silva Santiesteban (que, al postular a la Mesa Directiva, se convertiría automáticamente en presidenta de transición) y por los congresistas (Partido Morado), Luis Roel (Acción Popular) y Yessica Apaza (Unión por el Perú). Llamaba poderosamente la inclusión de esta última, puesto que votó a favor de la vacancia de Vizcarra. Sin embargo, poco después el señor Sagasti afirmó públicamente … solo para al rato. ¿A qué se debieron tantos zigzagueos? No se nos ha dicho oficialmente.

Como sea, al final la fórmula bosquejada inicialmente fue sometida a votación alrededor de las 9 de la noche y, como mencionamos al inicio, no alcanzó los votos requeridos. Así, el Congreso ha dejado al país acéfalo en uno de sus momentos más duros de las últimas décadas. Todo un ejemplo de que lo malo siempre puede ser peor, y de que la decepción nunca tiene fondo.

El comportamiento vergonzoso del Legislativo, por supuesto, no mejora un ápice la situación del señor Merino. Su renuncia, aunque positiva, llegó solo después de una jornada luctuosa (difícil que su recuerdo se pueda desligar del y las decenas de heridos y de la marcha del sábado), y en soledad, no solo por la manera en la que compareció ante la nación, sino porque prácticamente todo su Gabinete ya lo había abandonado y no había un solo líder político que –aunque de forma veleidosa– defendiese su continuidad. Al final, Merino se terminó yendo de la misma manera ignominiosa en la que entró al puesto. Y ese es el lugar que se ha ganado en la historia.

Probablemente, hoy tengamos nuevo presidente –o presidenta– de transición. Pero el sainete que montaron en los últimos días tanto el señor Merino y compañía como los congresistas no se olvidará nunca.