Editorial: No es huachafada
Editorial: No es huachafada

Pedro Pablo Kuczynski (PPK) recibirá sus credenciales como presidente electo este martes 28 de junio. 

Su victoria electoral fue apretada, lo que demoró el anuncio oficial de la ONPE que, finalmente, se dio el 9 de junio. Desde ese día en adelante, PPK recibió los saludos del presidente en funciones, Ollanta Humala, de varios jefes de Estado del continente, de autoridades locales y eclesiásticas, de líderes políticos varios, y de sus competidores durante la lid electoral, incluyendo a aquellos como Verónika Mendoza y Alfredo Barnechea, que en algún momento le disputaron palmo a palmo su pase al balotaje.

La única que no ha saludado personalmente al presidente electo es Keiko Fujimori, la candidata vencida en la segunda vuelta. La única congratulación proveniente de la lideresa de Fuerza Popular (FP) hasta el momento se dio con ocasión del Día del Padre: “Le envío saludos al señor Kuczynski y desearle la mejor de las suertes en el mandato que él va a iniciar”, pero ningún mensaje positivo acerca de la esperada reunión entre los ex contendientes.

De hecho, cuando recién fue conocido el desenlace de la elección presidencial, la mayoría de adláteres de la señora Fujimori descartó la posibilidad de un encuentro con PPK, fundamentando su negativa en el recuerdo de los agravios recibidos –y soslayando, de paso, los proferidos por ellos mismos– en campaña. Pero transcurridos ya varios días, se abrigaba la esperanza de que las exaltaciones de la pugna electoral se hayan disipado y, con menos sangre en el ojo, se produjera el esperado cónclave. 

Pero lo que se disipó con el tiempo fue la esperanza. Las más recientes declaraciones del vocero de FP, Pedro Spadaro, para quien una visita de la señora Fujimori a PPK “ya no es un tema protocolar”, sino “una huachafada” y “antes no le vemos objeto [a una reunión], no tiene ningún sentido” son, ciertamente, desalentadoras.

Para el 66% de la población (según la última encuesta de El Comercio-Ipsos), sin embargo, esta reunión no es una huachafada y sí tiene mucho sentido. Después de todo, si bien la labor del Ejecutivo ha sido encomendada a PPK, el adecuado funcionamiento del Estado requiere también de importantes reformas que deberán pasar por un Legislativo con amplia mayoría fujimorista. En otras palabras, sobre ambas agrupaciones pesa la responsabilidad del manejo del país durante los próximos cinco años.

Por esta razón, preocupa que la señora Fujimori no entienda el significado del saludo protocolar y, principalmente, la importancia de una reunión entre quienes lideran las principales fuerzas políticas del país, que ayude a sentar las bases de la agenda de políticas y reformas en las que trabajarán a partir del 28 de julio.

Mario Vargas Llosa saludó a Alberto Fujimori, tras su derrota electoral en 1990. Alan García saludó a Alejandro Toledo en el 2001. Y la misma Keiko Fujimori saludó a Ollanta Humala en el 2011. Solo el actual mandatario, en su versión más radical, se negó a saludar a Alan García tras su victoria en el 2006, aunque, al igual que la señora Fujimori en estas elecciones, reconoció el resultado de la ONPE.

El saludo y la etiqueta no son necesidades perentorias ni el desarrollo de la vida política depende de ellos. Las formas protocolares, no obstante, expresan reconocimiento de los hechos, civilidad y ánimo de seguir reglas de convivencia.

Habría que recordar entonces a la señora Fujimori, al señor Spadaro y compañía que la cortesía no solo no enerva la valentía, sino que en este caso, además, demostraría que el compromiso de su agrupación política con el país trasciende las susceptibilidades pasajeras.