Editorial: Otros Kenjis
Editorial: Otros Kenjis

La reacción que generan en la opinión pública las declaraciones de los políticos no siempre es igual. Aparentemente, un mismo despropósito puede ocasionar desde una levantada de ceja hasta un clamor de indignación generalizada dependiendo de quién sea el que incurre en él.

¿Se imagina alguien, por ejemplo, qué habría ocurrido si la ya famosa frase sobre ‘Sendero verde’ y los ex terroristas devenidos en ecologistas con los que supuestamente valdría la pena dialogar no la hubiese pronunciado Hernando de Soto sino algún asesor de Verónika Mendoza durante la primera vuelta? Pues, sin duda, mucho más que la moderada controversia que las palabras del presidente del Instituto Libertad y Democracia (ILD) desataron.

¿Qué habría pasado, por otra parte, si el candidato presidencial que hubiese anunciado que uno de sus postulantes al Congreso iba a tener que “comerse algunas palabras” para finalmente terminar él más bien mascando las suyas no hubiese sido Pedro Pablo Kuczynski, sino Alan García? Pues, seguramente, tanto el exceso inicial como el apocado epílogo habrían conocido un escarnecimiento bastante más crudo que el que mereció semanas atrás la actitud del líder de Peruanos por el Kambio.

En esa misma línea, cabe comparar las contrastantes reacciones provocadas en la ciudadanía por distintos anuncios de candidaturas presidenciales para el 2021 que parecen ignorar todos el detalle de que el derecho a postular en esa competencia pasa por el requisito de ganar primero elecciones internas en la organización política de origen.

El primero en incursionar en ese tipo de lanzamiento precoz fue el congresista de Fuerza Popular (FP) Kenji Fujimori, quien en unos tuits que ya son legendarios refutó hace poco la afirmación de su hermana Keiko en el sentido de que en el 2021 no habría ningún candidato que se apellidase Fujimori, con la siguiente formulación: “La decisión es mía: solo en el supuesto negado [de] que Keiko no gane la presidencia, yo postularé en el 2021”. Una aseveración que, aparte de poner en cuestión la autoridad de la lideresa del partido y de parecer confirmar los temores sobre la instauración de una dinastía Fujimori, descartaba el prurito del proceso interno. Y que, con justa razón, recibió una andanada de críticas tal, que no le dejó al impetuoso legislador más opción que pedir disculpas y desdecirse.

Al menos desde el punto de vista de la importancia dada a la institucionalización de nuestros partidos, sin embargo, no ha sido muy diferente el lanzamiento de Verónika Mendoza, quien el 12 de mayo declaró desde el sur del país: “Desde aquí, desde Tacna, desde donde comienza la patria, comenzamos el proceso de afiliación del Frente Amplio (FA), pues llegaremos a la Presidencia de la República y a Palacio en el 2021”. Es cierto que usó la primera persona del plural –“llegaremos” – y que, en esa medida, podría alegar que se estaba refiriendo al FA en general y no a sí misma. Pero tratándose de la postulante que acababa de competir en la primera vuelta y había logrado en ella un expectante tercer puesto, la dimensión personal de lo anunciado resulta insoslayable.

Solo un día después –y aparentemente animado por el ejemplo– el parlamentario de Acción Popular (AP) Víctor Andrés García Belaunde hizo algo semejante a propósito de Alfredo Barnechea. “Va a ser una figura relevante que sí impulsaríamos en el 2021”, dijo. Y aunque nuevamente el lanzamiento puede ser relativizado a partir del fraseo utilizado, la reacción que suscitaron sus palabras en el presidente de AP, Mesías Guevara, deja en claro la forma en que sus propios compañeros de partido las interpretaron.

El 14 de mayo, en efecto, Guevara se sintió obligado a afirmar que en AP los candidatos “no se eligen a dedo” y que “Acción Popular es mucho más grande que Alfredo Barnechea”: una pulla quizás inmerecida para el ex postulante presidencial –pues, para empezar, no fue él quien puso su nombre prematuramente en el partidor electoral–, pero que apunta indiscutiblemente en el sentido que señalábamos.

La democracia interna y la institucionalización partidaria –de las que paradójicamente hablaron a lo largo de la campaña y de manera específica los representantes de las dos organizaciones que motivan este comentario– son, al parecer, materias todavía pendientes en todo el espectro político nacional y no solo en Fuerza Popular.