"No fueron mucho mejores que los candidatos en que nos hemos detenido los otros que desfilaron por los programas dominicales dos días atrás". (Fotos: GEC)
"No fueron mucho mejores que los candidatos en que nos hemos detenido los otros que desfilaron por los programas dominicales dos días atrás". (Fotos: GEC)
Editorial El Comercio

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El domingo por la noche, muchos de los que compiten en el actual proceso electoral se multiplicaron en los distintos programas políticos de la televisión abierta, en un intento por despertar el interés de los votantes que todavía ven la cita en las urnas con desgano. A tan poca distancia del 11 de abril, se trataba de un esfuerzo al que cualquiera imaginaría que le dedicarían la mayor seriedad posible, acusando recibo quizás de las críticas que surgieron con ocasión de su participación en los debates de las últimas semanas. Pero no fue así.

En realidad, lo que ellos transmitieron a la ciudadanía en las entrevistas que concedieron esa noche fue un poco más de lo mismo. Si algún postulante se había mostrado hasta ahora tosco e incluso grosero con sus adversarios o quienes tenían dudas sobre sus planteamientos, pues persistió inconmoviblemente en esa actitud. Y si otros habían lanzado propuestas sin soporte técnico o directamente descabelladas, pues hicieron lo propio.

Un caso particularmente llamativo fue el del aspirante presidencial de , , quien si bien le bajó el tono a su altisonante anuncio de que pediría a Chile la devolución del Huáscar (se había tratado solo de “una sugerencia”, comentó), no tuvo reparos en repetir recomendaciones reñidas con la ciencia para controlar el . Como se recuerda, días antes él había mencionado con entusiasmo que aquello se podía lograr combinando el cañazo con sal. Y el domingo volvió sobre el tema. “Yo creo en la medicina popular”, señaló. Para luego añadir: “Como no llega la vacuna, como estamos nosotros expuestos al peligro todos los días, [las personas] toman su medicina natural, ¿no?”. Según anotó, además, el principio que estaría funcionando cuando se sigue su sugestiva receta sería el mismo que existe tras el uso del Listerine…

Algo parecido sucedió, mutatis mutandis, con la candidata de , , y su propuesta sobre el impuesto a las “grandes fortunas” (a su manera de entender, aquellas que están por encima de los cien millones de soles). Cuando se le preguntó cuánto calculaba que podría recaudar con el referido tributo, solo atinó a decir: “Mira, cobrando un impuestito de 1%, se puede recaudar suficiente para poder adquirir camas UCI, ventiladores mecánicos, para poder contribuir a salir de la crisis”. Y ante la insistencia del entrevistador por obtener una cifra, replicó: “No [la] tengo a la mano; todavía no soy gobierno”.

¿En serio? ¿Es esa la aproximación de la postulante de JPP a las medidas que promueve? La verdad es que, si ni siquiera se ha hecho el cálculo de lo que se podría recaudar con ese hipotético tributo, la sensación que queda es la de que sencillamente se quiere castigar la riqueza por un prurito ideológico. Máxime si tenemos en cuenta que los presupuestos del sector Salud quedan siempre muy lejos de ser ejecutados a cabalidad. En el 2020, por ejemplo, en plena lucha contra la pandemia, lo ejecutado estuvo debajo del 66%. ¿Para qué, entonces, pretenden sacarles más dinero a las personas?

Por otra parte, la excusa de que todavía no se es gobierno para tratar de justificar la ausencia de un dato central en la propuesta es inaceptable. Si el razonamiento que implica tuviera sentido, los planes de gobierno serían sencillamente imposibles.

El esfuerzo que la ciudadanía demanda de quienes aspiran al poder y sus partidos es el de anticipar, con base técnica, lo que harían desde el Ejecutivo si ganasen las elecciones. Y la señora Mendoza ha sostenido, en buena cuenta, exactamente lo contrario.

No fueron mucho mejores que los candidatos en que nos hemos detenido los otros que desfilaron por los programas dominicales dos días atrás. También ellos insistieron, cada uno a su manera, con regalarnos algún último absurdo… O quizás deberíamos decir ‘penúltimo’, porque todavía tenemos una semana y media por delante antes de la jornada electoral, y nada sugiere que de aquí a entonces esta disposición banal de parte de ellos vaya a cambiar.