"Es tarde para que Castillo se busque desentender de su socio Vladimir Cerrón y de sus consignas políticas". (Facebook)
"Es tarde para que Castillo se busque desentender de su socio Vladimir Cerrón y de sus consignas políticas". (Facebook)
Editorial El Comercio

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En los últimos días, diversos representantes de , partido del candidato a la presidencia , han descrito de forma explícita cómo los ejes principales de su proyecto político se sustentan en la destrucción de múltiples pilares de nuestra democracia. Así, se ha anunciado la disolución del para instalar –de buenas a primeras– una asamblea constituyente, la desarticulación del , la censura estatal de los medios de comunicación y la depredación de la propiedad privada. Una retahíla de medidas autoritarias en las antípodas de la libertad y del Estado de derecho.

El principal exponente de todas estas intenciones ha sido el líder del partido de marras, . Además de los diversos parlamentarios electos que vienen haciendo eco de su empresa política. De hecho, en ocasiones es difícil definir quién es verdaderamente el candidato que se enfrentará a Keiko Fujimori en el balotaje: ¿es el líder sindicalista que encabeza la fórmula presidencial o es el exgobernador de Junín, condenado por negociación incompatible?

Ayer, el señor Pedro Castillo trató de responder esta pregunta al ser entrevistado por una radio local: “Nosotros hemos trabajado un programa de gobierno. Más allá de lo que diga o deje de decir [Vladimir] Cerrón, el que va a gobernar soy yo”. Asimismo, trató de moderar el discurso que hasta ahora venían defendiendo él y sus adláteres (declaró que se respetaría el orden democrático, que no se expropiarían propiedades y que se defendería la libertad de expresión). Todo, a nuestro juicio, un poco difícil de creer.

Para empezar, es tarde para que Castillo se busque desentender de su socio Vladimir Cerrón y de sus consignas políticas. No se trata de una figura discreta en su agrupación, pues, además de ser el claro líder de esta, la suya es la cara que más aparece en todo lo concerniente a Perú Libre: su retrato es la portada del documento que la campaña presentó al Jurado Nacional de Elecciones como plan de gobierno y la página web del partido está monopolizada por videos suyos. Por si fuese poco, el mismo Castillo ya ha defendido lo consignado por dicho documento, descartando la suscripción de una “hoja de ruta” o una moderación en su discurso: “El lenguaje está estructurado en función a las grandes necesidades del país […], no podemos decirles ‘hoy te vendo una cosa y mañana otra’ sabiendo que la realidad es la misma”.

Incluso, en su momento, el señor Cerrón insistió en su rol de vocero para decir lo mismo: “No habrá hoja de ruta con Perú Libre y Pedro Castillo. Somos un partido consecuente y consciente de sus planteamientos”.

Pero si las inconsistencias en los pronunciamientos del candidato en cuestión no bastan para presagiar un encuentro suyo con la racionalidad democrática y un distanciamiento del exgobernador de Junín, el radicalismo de quienes lo representarán en el Parlamento zanja la discusión. Los elegidos, con el auspicio de la candidatura del líder sindicalista, son los principales promotores de la agenda extremista de Cerrón y cuesta imaginar que sea posible que modulen sus convicciones y, al mismo tiempo, que el postulante a jefe del Estado pueda ejercer el cargo antagonizando a las personas que llevó al Legislativo, que con tanto ahínco se han dedicado a reseñar cómo se traerían abajo los cimientos de nuestra democracia.

En suma, el elector tiene que tomarse con pinzas los conatos de prudencia de un candidato y de un partido que han basado su campaña en todo lo contrario. Al mismo tiempo, hay que mirar con escepticismo sus supuestos distanciamientos de personajes como Vladimir Cerrón, a quien todos los portales, y algunos documentos vinculados a la candidatura de Castillo, parecen rendirle culto. Al fin y al cabo, más de un tirano se ha hecho del poder edulcorando sus consignas.