"Con cargo a que el lector revise detalladamente el informe al que aludimos, podemos adelantar aquí que existen más de 20 casos contra él que están paralizados en la fiscalía o alguna instancia judicial de Junín". (Foto: Lino Chipana Obregón)
"Con cargo a que el lector revise detalladamente el informe al que aludimos, podemos adelantar aquí que existen más de 20 casos contra él que están paralizados en la fiscalía o alguna instancia judicial de Junín". (Foto: Lino Chipana Obregón)
Editorial El Comercio

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El señor postuló a estas elecciones presidenciales por Perú Libre, el partido fundado y conducido por el exgobernador regional de Junín Vladimir Cerrón. A consecuencia de ello, ha tenido que cargar con su sombra a lo largo de toda la campaña.

Como se sabe, una sentencia judicial confirmada por negociación incompatible le impidió a ser parte de la plancha presidencial de la organización política que encabeza y el recuerdo de esa circunstancia restó permanentemente credibilidad al discurso de Castillo sobre su decisión de luchar contra la corrupción de llegar al poder.

No fue ese, sin embargo, el único terreno en el que la asociación con el referido exgobernador regional le trajo problemas al maestro. También el ideario del partido (presentado como plan de gobierno antes de la primera vuelta) y las declaraciones sexistas o antisemitas de su socio político fueron un dolor de cabeza para él. Y la prueba de ello son sus reiterados esfuerzos retóricos por dar la sensación de que lo mantendría a distancia si le tocase administrar los destinos de la nación.

“Más allá de lo que diga o deje de decir Cerrón, el que va a gobernar soy yo”, dijo casi dos meses atrás. Y a pocas semanas de celebrarse la segunda vuelta, sentenció ante la prensa: “[A Cerrón] no lo van a ver ni siquiera de portero en ninguna de las instituciones del Estado”. Pero sus empeños resultaron vanos, porque el secretario general de se encargó de hacer notar la gravitación que tiene en el proyecto político en marcha a través de sus mensajes en Twitter y su presencia en reuniones y actividades relacionadas con la campaña.

Con posterioridad al acto electoral, sin embargo, el exgobernador regional de Junín ha asomado la cabeza con mayor protagonismo. Por un lado, con nuevos mensajes en las redes sociales que buscan apartar del entorno de Castillo a los integrantes del “equipo técnico” y a los aliados que sumó en la segunda vuelta (“Parece que algunos invitados no son conscientes del espacio que ocupan. Les recuerdo que Perú Libre ha ganado las elecciones”, escribió la semana pasada en su cuenta de Twitter); y por otro, a través de una anulación de su sentencia por corrupción conseguida oscuramente en un juzgado de Huancavelica.

Eso motivó a este Diario a hacer una investigación sobre la situación exacta de las investigaciones y procesos que Cerrón ha tenido o tiene abiertos en el Poder Judicial y el Ministerio Público, y el resultado –publicado en esta misma edición– ha sido pasmoso.

Con cargo a que el lector revise detalladamente el informe al que aludimos, podemos adelantar aquí que existen más de 20 casos contra él que están paralizados en la fiscalía o alguna instancia judicial de Junín. A lo que cabe añadir que, en lo que concierne a lo primero, las investigaciones están a cargo de fiscales que trabajaron en la gestión de Cerrón como gobernador de la mencionada región. Y en lo referente a lo segundo, se ha identificado a un juez que falló seis veces seguidas a su favor y a otro más que ha intentado absolverlo dos veces en segunda instancia. Un panorama que sugiere cómo podrían ser las cosas si el personaje en cuestión acabase acumulando más poder como resultado de estas elecciones.

Como es obvio, Pedro Castillo tiene que haber conocido mucha de esta información antes de haber aceptado postular por Perú Libre, de manera que ahora no podría hacerse el sorprendido frente a ella. No obstante, si el conteo de votos todavía en marcha terminara favoreciéndolo, en aras de la enorme representación y responsabilidad que acabaría asumiendo, haría bien en adoptar una actitud definitiva de alejamiento de toda mala compañía, incluyendo la que nos ocupa, pues lo último que necesitaría un eventual gobierno suyo serían señales de complacencia frente a cualquier tipo de ingrediente pernicioso que pudiera empañar su gestión aun antes de haber empezado.