Antivoto fujimorista, por Arturo Maldonado
Antivoto fujimorista, por Arturo Maldonado
Arturo Maldonado

Decir que ha hecho un amague de giro al centro y reconocer que esto podría ser beneficioso para el sistema político no significa olvidar lo que es el fujimorismo. Esta es quizá la principal razón del alto antivoto que aún tiene su candidatura, acerca de la cual más del 50% de la población –según GfK de setiembre– manifiesta que probablemente o definitivamente no votaría por esta opción. 

Si asumimos que una parte importante del voto fujimorista es por el legado del ex presidente, podríamos afirmar también que la herencia negativa asimismo interviene en el antivoto. ¿Cómo afectó ese legado negativo nuestras vidas, más allá de los efectos en el sistema político?

Un primer hecho que todos sufrimos es la invasión de combis, resultado de una liberalización a ultranza del mercado de transporte. Si el ingeniero hubiera reemplazado el vetusto sistema de transporte por algún sistema moderno, y no dejarlo todo al mercado y la libre competencia, nuestras vidas se hubieran ahorrado muchas horas que habríamos invertido con nuestras familias o en horas de descanso. 

Otro tema es el de la liberalización de la educación, que promovió la inversión privada y que motivó el surgimiento de muchas universidades con niveles bajísimos de educación, enfocadas más en hacer dinero que en educar o investigar. Podríamos pensar en aquellos padres que hacen un gran esfuerzo por mandar a sus hijos a una universidad con la esperanza de que el título universitario les otorgue mejores oportunidades en la vida, pero la educación que reciben y el título están completamente devaluados. Otra sería la historia si el esfuerzo de esos padres y de esos estudiantes se viera recompensado con una educación de calidad. 

Un tema mucho más recordado son los diarios chicha. Acompañado de una vedette, en las portadas de estos diarios veíamos constantes calumnias e infamias a políticos opositores al régimen. Cada persona frente a un puesto de periódicos observaba una exhibición diaria de lo peor de la política. Esto sumado a la revelación de los ‘vladivideos’, que nos mostraron el detrás de cámara de la antipolítica, no solo debe haber afectado nuestra salud mental sino que también incubó la creencia de que la política es el arte del engaño y de la trampa.

Sin embargo, estos hechos no son nada si pensamos en cómo cambió la vida de las miles de mujeres víctimas de las esterilizaciones forzosas. A ellas no se les dio la oportunidad de decidir, simplemente se las sorprendió y con esto se truncaron esperanzas y se crearon traumas. Pensemos también en las víctimas de las matanzas de Barrios Altos y , por las que ha sido condenado. Estas operaciones le daban carta blanca al llamado Grupo Colina para capturar a un sospechoso y matarlo sin juicio mediante. 

El legado fujimorista no solo ha afectado abstracciones como la calidad de la democracia y la institucionalidad política, sino que ha tenido también un efecto negativo en nuestras vidas, sea en la calidad de los servicios que recibimos, en nuestra idea de la política o en nuestra psiquis. Es indudable que también hay hechos positivos que hoy son capitalizados por el fujimorismo, pero es el legado negativo de la década de 1990 el que le da base al antivoto contra Keiko Fujimori y con los cuales la candidata tiene que lidiar si quiere romper ese techo que podría impedir otra vez su ascenso presidencial.