Desregulación: planes y sueños, por Franco Giuffra
Desregulación: planes y sueños, por Franco Giuffra
Franco Giuffra

Empresario

La revisión de los planes de gobierno de los principales candidatos no arroja resultados muy alentadores para el futuro de la desregulación. En general, el diagnóstico prevalente es que hay muchas trabas y papeles, y que se requiere simplificar las cosas o facilitarlas vía Internet. 

El plan de Keiko Fujimori habla del crecimiento desmedido de regulaciones que crean procesos costosos y difíciles de cumplir. Pero ofrece muy pocas iniciativas, salvo “hacer análisis sobre las limitaciones de hacer negocios en el país”. La idea se desarrolla un poco más cuando habla de facilitar las exportaciones, pero sin mejores propuestas. 

En un momento se indica que “marcos regulatorios laborales y tributarios requieren mejorarse para incrementar la productividad”, pero ahí queda la cosa. Sería interesante preguntarle a ella qué cambios imagina en materia laboral, por ejemplo.

El de César Acuña es, en general, bastante malo. Hay las menciones usuales a las trabas y permisos, pero nada de carne adicional. Su elaboración ha sido tan descuidada que, hablando también del incremento de productividad, propone “flexibilizar el mercado laboral aumentando los beneficios a los trabajadores”. 

El plan de Alan García no anda mucho mejor. Aunque se ocupa de mencionar entre sus principales objetivos el “destrabar y/o eliminar trámites burocráticos”, las propuestas correspondientes son superficiales y rimbombantes. “Planeamos un Estado con Internet y sin papeles”, se lee. Para luego soñar que en los primeros 100 días de gobierno van a “reducir drásticamente esos pasos y procedimientos”, sin mencionar cuáles son estos.

Un entusiasmo similar al que anima su proyecto Perú Digital, donde promete “Internet libre para todos”, una propuesta cargada de emoción y escasa viabilidad.

Mejor se lee en este respecto el plan de Pedro Pablo Kuczynski (PPK), probablemente el más ordenado y completo. Especialmente porque relaciona regulación con informalidad, algo que los otros candidatos omiten, como si el problema fuera la incomodidad de llenar formularios o hacer colas.

Se insiste mucho en la facilitación de los grandes proyectos mineros y de infraestructura, aunque se habla de la modernización del Estado en general. También se da espacio para prometer “cero normas innecesarias”, trámites por medios digitales y una ingenua Ventanilla Única de todos los trámites para el 2017. Finalmente, se ofrece la creación de una oficina nacional “encargada del análisis del impacto regulatorio de las normas emitidas en el país”.

En todos los planes se percibe poca sustancia y nula articulación con lo que ha procurado hacer el gobierno saliente. La oficina que PPK promete, por ejemplo, ya existe y se llama Secretaría de Gestión Pública, parte de la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM). Las ventanillas únicas también han empezado a aparecer, pero con alcances menos ambiciosos y quizá más realistas. 

Una de las incontables tareas asociadas a la desregulación, a saber, la identificación de todos los procedimientos, también ha dado su primer paso con la creación, el pasado setiembre, del Sistema Único de Trámites, encargado igualmente a la PCM, aunque resta todavía su reglamentación.

Es fácil llevarse la impresión de que los principales candidatos no tienen una idea clara de lo que significa la desregulación, el tamaño del problema y los mecanismos para enfrentarlo. Además, pareciera que no han tomado nota de lo que ya se ha iniciado o se pretende hacer.

Si uno compra la idea de que regulación e informalidad son entidades que van de la mano, estas omisiones y descuidos resultan particularmente graves en un país donde el 70% de la gente funciona al margen de la ley.