"La dificultad para aprobar leyes relevantes incentivará la legislación anecdótica".
"La dificultad para aprobar leyes relevantes incentivará la legislación anecdótica".
Enzo Defilippi

Profesor de la Universidad del Pacífico

Como ya se preveía, los resultados de las elecciones congresales del domingo pasado fueron una reacción a los resultados de la anterior. Donde antes había una mayoría numerosa en el , ahora hay muchas minorías. Donde antes una sola bancada podía tomar todas las decisiones, ahora habrá que dialogar con los adversarios. Y donde antes bastaba convencer a la jefa de un partido para aprobar una ley (o evitar que se apruebe), a partir de marzo se tendrá que persuadir a mucha más gente para lograr lo mismo.

Yo, la verdad, no creo que la calidad de este Congreso sea mejor que cualquiera que hayamos elegido antes, pero sí que vayamos a ver una menor cantidad de insultos y descalificaciones que en el anterior. Ya nadie tiene los números para ser prepotente. Además, la gente está cansada de ver a peleándose por nada. Para eso está la farándula.

Para analizar lo que se nos viene hay que tomar en cuenta que el nuevo Congreso recién se instalará en marzo y que las generales del 2021 se convocarán nueve meses después. El tiempo para legislar sobre temas relevantes será breve. ¿Lo bueno? Que se aprobarán pocas leyes. Ello representa una oportunidad para pensarlas mejor y buscar consensos más amplios. ¿Lo malo? Que se aprobarán pocas leyes. Un país como el nuestro, con tantas desigualdades y carencias, no debería perder el tiempo.

Una consecuencia importante de que ninguna bancada vaya a estar cerca de la mayoría absoluta es que el poder para legislar estará disperso. Ello implica que será mucho más difícil aprobar leyes que beneficien a un determinado grupo de interés. La economía política de la producción legislativa (la relación entre regulación, política e intereses) se ha hecho más compleja, y, en consecuencia, el lobby más caro. Eso puede ser positivo o negativo según quién lo mire.

Por otro lado, preveo que la corta duración del nuevo Congreso y el hecho de que muchos de los nuevos congresistas sean unos completos desconocidos incentivará el figuretismo (propuestas ridículas o extremas que atraigan titulares). También, que la dificultad para aprobar leyes relevantes incentivará la legislación anecdótica (aquella que se produce como reacción al escándalo de la semana).

Sobre la agenda de temas, el más urgente es el de la reforma política. Según he escuchado, tiene que ser aprobada antes del 11 de abril a fin de que entre en vigor para las elecciones del próximo año. Si, como se prevé hoy, el nuevo Congreso se instala en marzo, el tiempo para hacerlo es extremadamente corto. Yo no me hago muchas ilusiones.

En economía, las perspectivas no han cambiado . Durante la campaña, los temas económicos han estado prácticamente ausentes del debate (que de por sí ha sido escaso). Ello genera incertidumbre entre los inversionistas, lo que, sumado a la proximidad de las elecciones presidenciales y a la poco inspiradora gestión económica actual, no deja espacio para ser optimista en cuanto al crecimiento del empleo y los salarios.

Entre los nuevos congresistas hay fundamentalistas religiosos, radicales y xenófobos. Escucharlos hablar requerirá tener un estómago fuerte. En eso no ha cambiado mucho la cosa en el Congreso.