La gimnasia y la magnesia, por Enzo Defilippi
La gimnasia y la magnesia, por Enzo Defilippi
Enzo Defilippi

Profesor de la Universidad del Pacífico

Conozco a Alfredo Bullard desde hace mucho tiempo y no tengo dudas en afirmar que es uno de los mejores abogados de la ciudad. Ello, por supuesto, no lo previene de cometer errores, o, como el último sábado, escribir entera basada en ellos.

La semana pasada sobre cómo la Municipalidad de Lima no ha sabido distinguir entre los beneficios de construir infraestructura nueva y los perjuicios de restringir el acceso a la infraestructura existente. Puse como ejemplo las avenidas Javier Prado y Primavera, donde se ha autorizado a empresas privadas a cobrar por el uso de los ‘by-pass’ y vías rápidas ya construidas (con nuestra plata). Expliqué cómo cobrar por usar la infraestructura que hoy usamos libremente generará más tráfico en las calles adyacentes.

Alfredo, en su columna del sábado, dice que estoy equivocado (“atrapado en paradojas”). Argumenta que sí puede ser razonable cobrar por usar infraestructura ya construida, y pone como ejemplo el cargo por congestión cobrado a los automovilistas por entrar al centro de Londres. 

Lamentablemente para él, estamos hablando de dos políticas públicas completamente diferentes. El objetivo de los cargos de congestión es racionalizar el uso de infraestructura escasa. El de los peajes, financiar la construcción de nueva infraestructura. Creer que son lo mismo es como confundir la gimnasia con la magnesia: suenan parecido, pero no tienen ninguna relación.

La fuente de su error es el desconocimiento de uno de los principios elementales de las políticas públicas: que las herramientas (como los peajes y los cargos) no son buenos o malos per se, sino que su bondad depende de si permiten o no alcanzar los objetivos de una política específica. Entonces, ¿tiene sentido afirmar que si es razonable cobrar cargos para reducir la congestión también lo es cobrar peajes por infraestructura que ya pagamos? ¿Aun si genera más congestión? No, ¿no? 

Hagamos como Alfredo y contemos una historia para ilustrar el punto. Suponga que después de años de esfuerzos y sacrificios, usted compra la casa en la que vive. ¿Qué le parece si un tiempo después, con la excusa de hacerle algunas mejoras, le proponen volver a pagar alquiler por los siguientes 30 años? ¿Aceptaría? ¡Ni hablar! Bueno, la municipalidad ya aceptó. Esa es la situación que yo critico y que a Alfredo le parece razonable bajo el falaz argumento de que podría ser conveniente si los peajes fuesen cargos por congestión.

¿Podrían serlo? No, y eso es lo más penoso. Los cargos por congestión se cobran por ingresar a áreas urbanas (como el centro de Londres), no por usar una avenida. Y la recaudación se destina a financiar obras o servicios públicos, no a engrosar utilidades de empresas privadas. Su discusión no tiene nada que ver con el tema de mi columna.

Entonces, ¿cuáles podrían ser esas “paradojas” en las que, según Alfredo, estoy atrapado? ¿Es que estas concesiones no van a usar los ‘by-pass’ y vías rápidas que ya pagamos o que ello no va a causar congestión? La única paradoja (hecho contrario a la lógica) que yo veo aquí es creer que se está dando clases de gimnasia mientras se repite, una vez más, la fórmula de la magnesia.