Goles son amores, por Enzo Defilippi
Goles son amores, por Enzo Defilippi
Enzo Defilippi

Profesor de la Universidad del Pacífico

Como sabe cualquier descorazonado hincha de nuestra selección, el optimismo no basta para ganar partidos. Si bien el aliento de la hinchada y una mentalidad ganadora son necesarios, los partidos se ganan metiendo goles. 

Algo similar ocurre con nuestra economía. Si bien las encuestas revelan una sustancial mejora en las expectativas de empresarios y consumidores, ello no basta para que aumente la inversión privada. Es necesario que el nuevo gobierno demuestre, en la cancha, que tiene la habilidad para hacer que la economía siga creciendo. 

Felizmente, la coyuntura es favorable. La reaceleración observada desde el 2014 no ha venido acompañada de un crecimiento proporcional de las inversiones, lo que indica que muchos proyectos están esperando las señales correctas para hacerse realidad.

¿Qué podría hacer el gobierno para convertir este optimismo en inversión? Para empezar, podría enfocarse en resaltar la fortaleza de la economía peruana, la cual viene reacelerándose desde el 2014. Ese año, el PBI creció 2,4%; 3,3% en el 2015; 4,1% en el primer semestre del 2016; y según el MEF, crecerá 4,8% el próximo año.

Esas son cifras que ningún país de la región puede exhibir. Pero en vez de mencionarlo con cuanto periodista conversa, el ministro de Economía parece preferir hablar de los problemas que le genera el déficit fiscal. Desafortunadamente omite mencionar que 3% es una cifra manejable y que tiene su origen en una política expansiva sin la cual no podríamos exhibir tan envidiables cifras de crecimiento. Es como que después de una buena racha, Gareca haya preferido hablar de los jugadores lesionados y no de los partidos que viene ganando la selección. 

En segundo lugar, el gobierno no puede dejar de ser fiel a sí mismo. Su filosofía es claramente pro competitividad y promoción de la inversión privada, por lo que no debería restar competitividad y desincentivar la inversión incrementando el impuesto a la renta. Peor aún, anunciar que lo hace para financiar una idea muy cuestionable: bajar el IGV, algo que no genera mayor recaudación o formalidad (es lo único en lo que coinciden economistas que disienten en todo lo demás). Es como que ante los problemas que atraviesa, la selección de Brasil pretenda jugar como Alemania. No, pues.

El gobierno también podría demostrar su capacidad de hacer propuestas innovadoras empezando por desechar políticas probadamente malas. Se ha anunciado el incremento del drawback, por ejemplo, a pesar de que no genera más exportaciones, de usar recursos que se requieren para programas que sí funcionan y de tener efectos regresivos (va a los bolsillos de los que más tienen). ¿Quién gana usando estrategias fallidas de hace 30 años? Nadie.

También se dice que se aumentará el impuesto a la renta para que los ricos paguen más, pero mediante el aumento del drawback se usará más dinero público para subsidiar a algunos de ellos. Que alguien me explique la consistencia porque yo no la entiendo.

Lo que se requiere para transformar el actual optimismo en inversión es una política económica coherente, que convenza a los empresarios de que si entran a la cancha, meterán gol. Como dicen los comentaristas deportivos, los goles son amores y no buenas razones. 

Lea todos los miércoles a Enzo Defilippi en Mirada de Fondo en El Comercio