"La figura del premier o primer ministro como jefe de Gabinete Ministerial con las prerrogativas como la peruana no existe en ningún presidencialismo que, pese a todo, sigue siendo el nuestro y constituye, por ello, una razón más para discutir y modificar nuestro sistema". (Foto: Congreso)
"La figura del premier o primer ministro como jefe de Gabinete Ministerial con las prerrogativas como la peruana no existe en ningún presidencialismo que, pese a todo, sigue siendo el nuestro y constituye, por ello, una razón más para discutir y modificar nuestro sistema". (Foto: Congreso)
Fernando Tuesta Soldevilla

Profesor de Ciencia Política de la PUCP

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¿Qué pasaría si al que se presentó ante el no se le otorga el voto de ? Pues ella tiene que renunciar con todo el Gabinete y el presidente debe convocar a otra persona, para que constituya uno nuevo. Si el Congreso le vuelve a negar el voto de , el presidente puede disolver el Parlamento, pues este tiene la prerrogativa de control político, pero hasta un límite.

No obstante, podría ocurrir, en el extremo, que Pedro Castillo, al considerar que no lo dejan gobernar, haga un enroque y nombre, digamos, a Aníbal Torres para que presida el Gabinete y que Mirtha Vásquez ocupe el cargo de ministra de Justicia. Al presentarse ante el Congreso, el tercero en tres meses, el Parlamento estaría en la encrucijada de otorgarle el voto de confianza casi al mismo Gabinete o ser víctima de su disolución.

Pero el Legislativo, sobre todo si tiene una oposición mayoritaria, podría hacer sufrir al Gobierno si la mayoría se abstiene. Esto, porque se otorga el voto de confianza solo si los votos favorables superan a los desfavorables y a los que se abstienen. De igual manera, se le niega si los votos desfavorables superan a los favorables y a los que se abstienen. Sin embargo, si las abstenciones superan a los votos favorables y desfavorables, se debe volver a votar, no necesariamente el mismo día. Eso desgasta al Gobierno.

En lo que va de siglo, de los siete gobiernos, se han presentado 26 gabinetes ante el Congreso de la República, siendo el de Pedro Cateriano, bajo el gobierno de Martín Vizcarra, el único que no recibió el voto de investidura. Y en los casos de René Cornejo y Ana Jara, ambos durante el gobierno de Ollanta Humala, las abstenciones superaron a los votos favorables y desfavorables, por lo que debieron votarse nuevamente, donde lograron su investidura.

Todo esto parece un sistema complejo de equilibrio de poderes, pero no lo es. Es parte de nuestro fallido sistema político híbrido. Es nuestro presidencialismo parlamentarizado. Al formarse un Gabinete, este debe presentarse ante el Parlamento para exponer un plan de acción del Gobierno y solicitar un voto de investidura. Lo mismo ocurrirá con los otros gabinetes a lo largo de un mismo mandato. Es decir, se trata del mismo Gobierno, así pasen varios gabinetes con el mismo plan o con otro. De esta manera, el que presentó ayer Mirtha Vásquez es distinto al de Guido Bellido, aun cuando ninguno de los dos se parecen al que Pedro Castillo flameó en la campaña presidencial.

El presidente es el que gobierna y no Mirtha Vásquez ni, antes, Guido Bellido. Ellos ni siquiera son jerárquicamente superiores a los otros ministros. Por eso, siendo premier, Bellido le pedía la renuncia a Iber Maraví y este no le hacía caso.

Estos mecanismos, como el voto de confianza y la disolución del Congreso, propios de los sistemas parlamentarios, son peligrosos en sistemas políticos con partidos e instituciones débiles. Han sido importados sin tener en cuenta los contextos ni el diseño de instituciones de los países en donde funcionan.

La figura del premier o primer ministro como jefe de Gabinete Ministerial con las prerrogativas como la peruana no existe en ningún presidencialismo que, pese a todo, sigue siendo el nuestro y constituye, por ello, una razón más para discutir y modificar nuestro sistema político a fondo y de manera integral, y no como hizo el Congreso hace unos días: parcial y con efectos nocivos.