“El número de personas ocupadas llegó en junio al 75% de lo que era en febrero, antes de que comenzara la cuarentena”. (Foto: Archivo).
“El número de personas ocupadas llegó en junio al 75% de lo que era en febrero, antes de que comenzara la cuarentena”. (Foto: Archivo).
Iván Alonso

Economista

Son correctas, pero engañosas las cifras de la caída del empleo la semana pasada y que han sido muy comentadas por la prensa. No ponemos en duda que en el segundo trimestre haya habido, a nivel nacional, 6,2 millones menos personas ocupadas que en el primero. Tampoco, por supuesto, que una caída como esa, de 40%, es tremenda. Nuestro reparo es que, en este momento, con la economía reabriéndose de a pocos, las cifras trimestrales no muestran con claridad qué está pasando en el mercado laboral. Tenemos que mirar los datos mensuales.

Lamentablemente, el INEI no publica los datos mensuales de empleo. Pero no os preocupéis… Uno puede reconstruirlos a partir de las cifras trimestrales. No hay una sola manera de hacerlo, pero el margen de error no es tan grande. Y lo que dicen los datos mensuales es que en marzo y abril se perdieron, en total, 8 millones y medio de empleos, pero entre mayo y junio ya se habían recuperado 4 millones y medio; o sea, más de la mitad. El número de personas ocupadas llegó en junio al 75% de lo que era en febrero, antes de que comenzara la cuarentena. Una recuperación –si usted nos pregunta– notable.

Un ejercicio similar para Lima Metropolitana nos muestra una pérdida de 3 millones y medio de empleos en marzo y abril, de los que se recuperaron 2 millones entre mayo y junio y otros 200.000 en julio. Seguramente seguirán recuperándose en agosto. El consumo de electricidad está casi al mismo nivel del año pasado, lo que quiere decir que los grandes consumidores, que son las fábricas y las minas, están volviendo a operar con normalidad.

¿Qué podría frenar esta recuperación? Ciertamente, otra cuarentena generalizada. Ojalá que no sea necesaria. Algunos distinguidos economistas piensan que, tras el “shock” de oferta que significó la inmovilización obligatoria, vendrá un “shock” de demanda porque la gente que no estuvo yendo a trabajar por tres o cuatro meses no tendrá plata para gastar. Una opinión con la que no coincidimos. La demanda se irá recomponiendo poco a poco, a medida que más y más gente regrese al trabajo y comience a recibir otra vez los ingresos que había perdido. Ayudaría que arrancara y que Acelera Perú… –usted ya sabe–, pero tampoco dependemos tanto de los programas de gasto público. El gasto público no necesariamente produce más de las cosas que la gente quiere comprar. Les da trabajo y poder adquisitivo a algunas personas, pero su capacidad para estimular por esta vía una mayor producción de bienes de consumo es limitada.

Volviendo al tema del empleo, ¿conviene dar incentivos tributarios a las empresas que contraten más trabajadores? Pues no. Los empleos que dependen de un subsidio duran lo que dura el subsidio. Entretanto, entorpecen la recolocación de los trabajadores en empleos más productivos. Algunas ideas son particularmente nocivas, como la de bajar la tasa del impuesto a la renta para las empresas que creen un determinado número de empleos, que induce a mantener posiciones que no aumentan la producción ni reducen los costos y cuya única finalidad es pagar menos impuestos.

La recuperación progresiva del empleo está demostrando que la economía no ha perdido su vitalidad. Quizás la cuarentena fue más rígida de lo que debió ser, pero eso ya pasó. Ahora dejemos que los procesos del mercado sigan su curso.