Tips para el ahorro ppkausa, por Andrés Calderón
Tips para el ahorro ppkausa, por Andrés Calderón
Andrés Calderón

Jefe del Departamento de Derecho de la Universidad del Pacífico

¡Cómo ha cambiado el Perú! Que hoy en día en que se discuten la ley de presupuesto y las facultades legislativas todas las bancadas del Congreso (desde fujimoristas hasta frenteamplistas) se preocupen por la disciplina fiscal es motivo de alegría. ¡Se acabó la maquinita y la farra!

Me invade el ánimo celebratorio y me animo a aportar mis cinco centavos de recomendaciones al gobierno ppkausa para mantener las cuentas en azul. Predecir el ingreso (vía recaudación) es riesgoso, así que me voy por lo seguro, cuidar el gasto. Aquí les van unos tips para ahorrarse unos cuantos millones de soles en gasto estatal corriente y, de paso, ahorrarnos el fastidio a muchos ciudadanos:

Onagi. Vuélenselo. Así de sencillo. Nadie entiende la lógica de tener que pedir permiso a un grupo de burócratas –ni esperar 10 días hábiles a que den su sacrosanta bendición– cuando una empresa quiere regalar un horno a los clientes que acumulen 20 stickers de compras o sortear una entrada a un concierto entre sus seguidores en Facebook. Más aun cuando el Indecopi ya supervisa que estas promociones se cumplan. Evítennos a todos el martirio de seguir escuchando la metralleta al final de los comerciales que recita “Erre-de-uno-ocho-nueve-cinco-dosmildieciséis-de-ge-a-quién-le-importa”. Pelota rodada, al pie y sin arquero. Gol fácil.

Protección al consumidor. Hay que reducirlo y reenfocarlo. Este es un claro ejemplo de ‘menos es más’. Cualquiera que conoce la situación del Indecopi sabe que en este tema están desbordados: sigue creciendo el personal, el número de instancias (más comisiones, órganos de procedimientos sumarísimos, autoridad nacional, etc.) y hasta otras entidades como Osiptel, Susalud y Sutrán terminan viendo temas de consumidor, generando mayor disparidad de criterios. Pregúntense qué es más eficiente: ¿100 funcionarios resolviendo 100 casitos de la plancha que no plancha o la lavandería que tiñó de azul una prenda? ¿O solo 10 investigando y multando severamente a la empresa que no alertó una falla en los frenos de sus automóviles o que engañó a cientos de consumidores en su publicidad? Es hora de simplificar la maraña burocrática y enfocarse solo en casos de interés general que sean sancionados de oficio.

Registro de bases de datos personales. Una total pérdida de tiempo. ¿Qué utilidad puede tener llenar un engorroso formulario de siete páginas detallando cada directorio de personas que tienen una empresa, respondiendo si comparte los datos de sus trabajadores con sus AFP (¡dah!) y la dirección de los 30 data centers que pueden servir de soporte físico a su almacenamiento en la nube ubicados entre Norrmalm, Estocolmo, en Suecia, y Perú, Nebraska, en EE.UU.?

Y ya que estamos en registros, bájense también el Registro Nacional de Proveedores (RNP). Miles de personas pierden días, semanas y hasta meses solo para obtener un numerito si quieren contratar con una entidad estatal. Primicia: cuando una entidad pública busca un proveedor, le pide la misma y más información, sea para evaluar su idoneidad o para firmar el contrato, convirtiendo al RNP en otro ritual innecesario.

Esta es solo una pequeña muestra de lugares donde este gobierno puede encontrar oportunidades de ahorro. Oportunidades que no cuestan nada o muy poco, porque implican desactivar funciones o dependencias que no sirven de nada o muy poco. Si escarban un poquito más entre los cojines y debajo de los muebles, estoy seguro de que encontrarán bastantes millones más para poner en el chanchito.

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