El presidente Martín Vizcarra participa en el Consejo de Estado esta semana junto al titular del Congreso, Manuel Merino, y otras autoridades. (Foto: Difusión).
El presidente Martín Vizcarra participa en el Consejo de Estado esta semana junto al titular del Congreso, Manuel Merino, y otras autoridades. (Foto: Difusión).
Pedro Tenorio

Analista político

Este 2020 está muy lejos de ser el , como anunció el Gobierno (vaya vena sarcástica que nos tenía reservada el presidente ), pero por lo que seguimos viendo hasta ahora sí se trataría del año de “¡Sálvese quien pueda!”. Cuando más se necesita que el Ejecutivo y el trabajen coordinadamente contra el , lo mejor que saben hacer es vivir en conflicto permanente. Y el resto de mortales, de ciudadanos comunes y corrientes, ¿cómo hacemos?

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Lo peor de esta pandemia es que nadie sabe cuándo terminará y cómo llegaremos social y económicamente a ese momento: ¿cuándo comenzará realmente la reconstrucción y qué sacrificios deberemos afrontar para superarla? Es en ese contexto que tiene lugar uno de los enfrentamientos más absurdos de nuestra historia reciente. Ejecutivo y Legislativo desperdiciando la oportunidad de demostrarnos que están a la altura del reto y que el enorme costo social y económico que afrontaremos –y muchos ya están afrontando– no será en vano.

Según cómo nos ubiquemos en el espectro político, unos dirán que Vizcarra –otros, que la oposición– “va ganando la batalla”. Pero ese sería un simple espejismo. La crisis no está para ganadores o perdedores sino que exige un esfuerzo conjunto, de persuasión mutua (hacer política). Ocurre en el sector privado, donde fabricantes y proveedores, vendedores y compradores, se dan la mano para evitar que la rueda se detenga. ¿Por qué no sucede lo mismo en la esfera pública? El “enanismo político” entre autoridades y funcionarios que elegimos nos está causando un enorme perjuicio.

Vizcarra reta al Congreso, este responde amenazándolo, y ambos obtienen sus aplausos. Sin embargo, ¿quién realmente está pensando en los millones de peruanos que han pedido sus empleos, en las miles de familias que se instalaban en la clase media y ahora volverán a ser pobres, en los emprendedores y en todos los que requieren de un Estado eficiente? Reactiva Perú no basta. Así como vamos, seguirán perdiendo.

Políticamente es absurdo continuar por esta vía. Nadie gana, cuando podrían hacerlo todos. El Congreso no confía en Vizcarra (no le tocará la puerta) por lo que este debería dar el primer paso. Más allá de las fotos del Consejo de Estado, urge una agenda conjunta que les permita al Ejecutivo y al Legislativo alcanzar un objetivo común. Un político que no está trabajando en resolver las necesidades de la gente no tiene sentido como tal. Y menos en esta pandemia. Tarde o temprano les pasará factura.