"El problema es que la demagogia galopa al interior de todos los partidos con representación en el Congreso". (Foto: Presidencia de la República)
"El problema es que la demagogia galopa al interior de todos los partidos con representación en el Congreso". (Foto: Presidencia de la República)
Pedro Tenorio

Analista político

A la incertidumbre política de estos meses se suma ahora la incertidumbre económica. Mala noticia para un país que afronta la pandemia del en medio de la peor receta sanitaria que se pudo aplicar (esta semana se confirmó que el Perú tiene el índice más alto de fallecidos por cada 100 mil habitantes de todo el planeta). Cinco meses después de decretada la emergencia el INEI constata que alrededor de siete millones de peruanos han perdido sus empleos. Y como si no pudiéramos estar peor, una mayoría en el Congreso (junto a la pasividad del Ejecutivo) empieza a complicar más de la cuenta toda posibilidad de superar lo antes posible esta crisis.

En el Perú, ignorar el pasado es cancelar el futuro. En ningún país con políticos responsables el Congreso le crea, con una sola norma, un forado de más de 15 mil millones de soles al presupuesto público. Eso es lo que se ha hecho con la ley que ordena la “devolución” de fondos en la ONP, pese a las advertencias del Ejecutivo y de que se lleve por delante la Constitución (artículo 79). Una violación flagrante que dinamita la seguridad jurídica. Después de esto cualquier cosa puede suceder: el Parlamento anuncia –por ejemplo– que prepara otra ley para poner límites a las tasas de interés bancarias, además de otros controles sobre contratos entre privados. Para evitar abusos, la legislación contempla un Banco Central de Reserva y una Superintendencia de Banca y Seguros, además de múltiples regulaciones que obviamente se pueden mejorar, pero hoy estamos a merced de políticos en campaña electoral dispuestos a todo.

El problema es que la demagogia galopa al interior de todos los partidos con representación en el Congreso. La ley que pulveriza a la ONP, afecta el futuro de sus pensionistas y –hay que recalcarlo– viola la Constitución, obtuvo votos entusiastas en todas las bancadas. ¿Cuándo vivimos una situación parecida?

Puedo decir que esa “película” yo ya la viví: crecí con el estatismo militarista de los 70 y la demagogia política de los años 80. Y como consecuencia de ello los peruanos carecíamos de servicios de calidad, no teníamos acceso al crédito y la inflación golpeaba a todos (muchísimo más a los más pobres). Algo aprendimos después de esas experiencias: sin disciplina fiscal no hay equidad ni oportunidades. ¿Es lo que queremos de vuelta?

Ahora el principal problema es que con una campaña electoral a la vuelta de la esquina va a ser muy difícil contener la demagogia. Y el Gobierno va llegando al límite de sus fuerzas. Se ha perdido tiempo valioso en pugnas absurdas entre el Ejecutivo y el Congreso, y estamos empezando a pagar el precio. Aún podemos evitar una catástrofe mayor, pero el tiempo escasea y la mezquindad política abunda.