Las elecciones para escoger a los legisladores que completarán el actual período parlamentario se celebrarán el 26 de enero del 2020. (Foto: GEC).
Las elecciones para escoger a los legisladores que completarán el actual período parlamentario se celebrarán el 26 de enero del 2020. (Foto: GEC).
Fernando Vivas

Columnistas, cronista y redactor

fvivas@comercio.com.pe

Vizcarra estiró la Constitución como chicle para ejecutar al . No ha sido un golpe de Estado, pero sí un exceso contra la legalidad. El TC, eventualmente, verá en qué grado y forma fue una ejecución extrajudicial de la que se podrían derivar sanciones, compensaciones y correctivos para evitar caer en situaciones similares.

Al ejecutado, al muerto, nadie lo va a revivir. Habrá un nuevo Congreso y ese será el fundamental contrapeso que hoy nos falta. Pero la brevedad del período (poco más de un año entre marzo del 2020, cuando aproximadamente estará instalado, hasta el 28 de julio del 2021, si no se pactara un adelanto) desalienta a los candidatos que preferirán guardarse para el siguiente período largo.

Todo esto ya lo escucharon. No los quiero aburrir. Al grano: pienso que la mejor manera para asegurar que ese Congreso no sea, por voluntad o por ineficiencia, una porquería obstruccionista es revirtiendo la no reelección.

¿Cómo? Primero, reclamar al JNE que interprete a favor del reelegible la ley aprobada en el referéndum respecto a no poder postular en un ‘próximo período de gobierno’. Que considere que lo que viene no es un período completo. Ya sé que el JNE tiene una pésima ejecutoria restrictiva del derecho a la participación política consagrado en el art. 2 de la Constitución. Se excedió en el caso de Julio Guzmán. Bueno, pues, hay que hacer docencia cívica para convencer al JNE de ser flexible a favor del candidato y, de paso, convencer al elector de que el odio a un reelegible se resuelve en las urnas mejor que en una prohibición. Este no es el problema: , y más son las tropelías cometidas por los debutantes que por los viejos.

Además, el oficialismo será responsable de la calidad del próximo Congreso, hijo de la disolución y la no reelección. Por lo tanto, el presidente, que mal hizo en alentar la no reelección, bien haría en sumarse a la docencia cívica en pro de la amplia participación política. Sería patético pasar a la historia como alguien que disolvió un Congreso para que elijamos uno peor.

En realidad, existe un argumento para anular la no reelección. El art. 32 de la Constitución dice que no se puede hacer referéndums que entrañen “disminución de derechos fundamentales”. Si tenemos como tal a la participación política (art. 2) y consideramos que la no reelección al Congreso es una disminución de ese derecho, aliento a congresistas, a grupos de ciudadanos, a instituciones, que presenten un recurso ante el TC pidiendo que se restablezca ese derecho disminuido. He conversado con constitucionalistas que están de acuerdo con este razonamiento. Los invito a sumarse a este aliento.