Más allá de la política, por Rolando Arellano
Más allá de la política, por Rolando Arellano
Rolando Arellano C.

Doctor en Administración de Empresas

Hoy, luego del mensaje del presidente que anuncia la postergación del proyecto de , se aplica más que nunca la historia, que ya conté aquí hace algunos años, de aquel camión que yendo cargado de mercancías se atasca ligeramente al pasar por un túnel. Estando la carga muy alta, al chofer le quedan tres opciones. La primera, quejarse con las autoridades y esperar a que amplíen el túnel. La segunda, disminuir la altura desechando muchas de las mercancías que lleva, resignándose a perderlas. La tercera, buscar opciones imaginativas para llegar al otro lado rápidamente y sin perjuicio. 

En nuestros días pareciera que la mayoría de conductores empresariales tomamos la primera opción. Cualquier gerente que nos lee recordará que hoy nuestro tema principal de conversación son los problemas de la economía, ligados inmediatamente a la situación política, a la que sindicamos como gran responsable. Después de ello, lo usual es decir “el gobierno debería arreglar la situación, pues para ello pagamos impuestos” o, en el caso de los más pesimistas, decir que debemos resignarnos a esperar al 2016. De allí hablamos de fútbol y seguimos actuando como siempre, esperando a que las autoridades agranden el túnel. 

Una buena cantidad optamos por la segunda opción. Bajamos precios, disminuimos inversiones en publicidad, paramos proyectos que habíamos emprendido y hasta despedimos personal. Probablemente, varias de esas acciones son necesarias, pues las épocas duras hacen ver que podemos ser eficaces con menor gasto. Pero es probable que con algunas estemos dejando de vender y perdiendo competitividad, sobre todo frente a empresarios más osados, que, en lugar de disminuir las mercancías que llevan, comienzan a buscar soluciones diferentes. 

Solo algunos van por la opción creativa, buscando nuevas formas de crecer, nuevos mercados y nuevas formas de venta y servicio. Muchos de estos son gerentes imaginativos y con experiencia en verdaderas crisis, como las tantas que vivimos hace años en el país. Otros son personas acostumbradas a competir en ambientes de crecimiento menor donde la flexibilidad es imperativa, como los de muchas de las empresas extranjeras que llegan al país. Redistribuyen la carga, eliminan los empaques superfluos, descargan una parte y regresan por ella, o buscan caminos alrededor del túnel. Pero no se quedan paralizados por el entorno económico o político. 

¿Debiéramos entonces los gerentes dejar de preocuparnos por la política? No, pues aunque el ambiente político no es un tren del cual dependemos enteramente para avanzar, sí es una carretera en la que nos toca transitar y debemos conocerla. Por ello, debemos entender que la mala situación política es un dato que difícilmente podemos cambiar en el corto plazo, pero que no por ello nos condena, pues podemos influir en el destino de nuestras empresas con lo que sí está a nuestro alcance: el manejo gerencial. 

Sigamos, por cierto, exigiendo al gobierno que mantenga bien los caminos, pero si no puede hacerlo asumamos realísticamente que echarnos a llorar no sirve de nada, y que solo atravesaremos el túnel por nuestro propio esfuerzo. Lo bueno es que con imaginación y estrategia no siempre es difícil. Por ejemplo, quizá solo necesitemos desinflar un poco las llantas.