El boliviano que llevamos dentro, por Fernando Vivas
El boliviano que llevamos dentro, por Fernando Vivas
Fernando Vivas

Columnistas, cronista y redactor

fvivas@comercio.com.pe

Que se friegue , ex chef ejecutivo del restaurante El Jardín de Asia en La Paz. Sus exabruptos racistas contra los bolivianos lo descalifican como profesional de la cocina: no ha entendido el rollo inclusivo de su colega Gastón Acurio, que es también el de la Asociación Peruana de Gastronomía (Apega). La cocina reivindica insumos y saberes ancestrales de la tierra que nos parió, de las culturas que nos formaron, de las razas y clases con las que interactuamos. Recetas guardan respetos.

Tras decir, en el , que los bolivianos “eran nuestra provincia y hasta ahora siguen siendo nuestra sombra” y burlarse de su ambición marítima, ofreció disculpas. Pero hoy veo, en su muro, que no está arrepentido. Adjunta comentarios, ciertamente agresivos, de bolivianos que rechazan el pedido formal del Perú ante la Unesco para declarar la Fiesta de la Candelaria de Puno como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Así da a entender que su ira se justifica en defensa del Perú. ¡Andá! No necesitamos incendiarios racistas.

La riqueza cultural y musical de Puno está en comunión con . Hay danzas compartidas desde siglos atrás como la diablada, y otras, como la de los caporales, de indiscutible origen afroboliviano; incorporadas en las últimas décadas. No conozco el expediente presentado en París, pero dejemos a los expertos de la Unesco que evalúen la riqueza, creatividad, originalidad de la fiesta como un todo. La designación como patrimonio universal no es asunto de marca o denominación de origen, sino de preservación y admiración.

No teníamos este tipo de ‘impasses’ con Bolivia desde que a la Miss Perú Karen Schwarz –sí, a ella– se le ocurrió concursar en las Bahamas con el atuendo de la diablada como traje típico. Ella, por supuesto,no tenía idea de en qué estaba embutida y el diseñador Ricardo Dávila no se percató de que el traje no era exclusivamente peruano y, por lo tanto, era una inoportuna elección. 

De ahí vino un debate en que los bolivianos esgrimían la paternidad de esa danza que se baila en el carnaval de Oruro, que, por cierto, es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. A raíz de eso, la Unesco aclaró que no tenía en cuenta el origen de cada danza bailada en una fiesta. La historia de la diablada resultó ser más compleja y compartida de lo que creíamos, pues también se baila, desde lejanos tiempos, en La Tirana, Chile. Sus raíces prehispánicas están en la actual Bolivia, pero se transformó con influencias de rituales cristianos en el actual Puno. (Otro efecto del debate fue que los puneños quieren que su fiesta tenga el estándar de la de Oruro).

El chef también aludió despectivamente a Bolivia como provincia del Perú republicano. La Confederación Peruano-Boliviana fue un fugaz sueño del boliviano Andrés de Santa Cruz de unir el Bajo y el Alto Perú en una gran nación de raigambre indoamericana. Y creo que las ganas de matar a ese indígena que llevamos dentro fue lo que motivó que las élites costeñas peruanas y chilenas, unas décadas antes de la Guerra del Pacífico, se aliaran contra Santa Cruz. Nuestra historia trinacional está mezclada con los trances de las razas. Hay que revolverlas para hacer un buen plato, no la guerra.