Tú también eres combi, por Gustavo Rodríguez
Tú también eres combi, por Gustavo Rodríguez
Gustavo Rodríguez

La sala en San Isidro estaba a reventar.

Se notaba que el autor del libro, Pedro Morillas, ha sabido cultivar el cariño de sus amigos y también el aprecio de sus colaboradores. Forjado desde abajo en Trujillo, Morillas supo crear dos empresas (una turística y la otra de carrocerías) que lograron ser líderes en el Perú y referentes en el extranjero. Ahora que se encuentra en sus años de jubilación escribió “País combi”, un compendio de señalamientos sobre lo mal que nos va a los peruanos en cosas puntuales y que sufrimos en la cotidianidad: en el tránsito, en la administración de justicia, en el sistema de salud, en la educación de nuestros hijos y hasta en el servicio que nos dan ciertas empresas. 

Cuando Pedro me invitó a presentarlo, no lo dudé: como peruano que vivió tal vez la peor crisis de nuestra historia, me siento muy orgulloso del clima que disfruta hoy una gran porción de mi país. Pero no puedo dejar de señalar esos síntomas que nos advierten de la necesidad de un cable a tierra porque, mientras sigamos confundiendo modernización con modernidad y crecimiento con desarrollo, seguiremos siendo un país de media tabla en el mundo y habremos perdido la oportunidad dorada de dejarle una nación modelo a nuestros nietos, sobre todo ahora, que la falta de recursos no es la excusa.   

Curiosamente, fue en la misma presentación del libro donde encontré un síntoma sutil de lo que nos falta avanzar como sociedad. Se trataba de un video grabado en la calle que fue muy útil para ilustrar por qué somos un país combi. Uno veía unidades de transporte saltándose las reglas, pasajeros de combi que no le ceden el asiento a una anciana, tipos orinando en la calle.

Sin embargo, pronto empecé a percibir algo curioso. 

En la pantalla, los infractores eran representantes de las clases populares que pueblan las ciudades peruanas. Pero en el auditorio, la mayoría de los asistentes eran parte de su sector más acomodado. Sé que estadísticamente es más probable encontrar gente mejor educada en la presentación de un libro que en una combi peruana. Pero, aun así, algo me dio mala espina. Creo que fue la estampa que me llevé como testigo de esa proyección: que un grupo de peruanos acomodados percibiera, casi desde afuera, que ese país combi que tanto criticamos es culpa casi exclusiva de los “cholos ignorantes” del Perú.

Porque en el video no aparecía lo siguiente:

-Esas camionetas lujosas que son estacionadas en espacios reservados para personas con discapacidad.

-Los dueños de casa que tienen a sus empleadas domésticas trabajando más de las ocho horas diarias reglamentarias.

-Los dueños de casa que no les pagan a esas mismas empleadas su CTS y el seguro social.

-Los funcionarios que piensan que uno es un huevón al no aceptar coimas cuando “todo el mundo lo hace”. 

-Los privilegiados que en su fuero interno piensan que es preferible una autoridad que roba pero que hace obras. O que roba, pero brinda facilidades al sector empresarial.

-Aquellos veraneantes que en sus playas chic le compran al vendedor de libros piratas.

-Los que piden una factura para su empresa mientras comen un domingo con su familia.

Todos estamos en este país combi, y lo bueno es que el libro lo dice. Todos, lamentablemente. 

Incluso los que viajan en primera clase.