" El Gobierno debe, así, dar todas las facilidades para que los formales –grandes, medianos y pequeños– puedan sobrellevar sus problemas de caja y de planilla, y puedan seguir funcionando después de la coyuntura".
" El Gobierno debe, así, dar todas las facilidades para que los formales –grandes, medianos y pequeños– puedan sobrellevar sus problemas de caja y de planilla, y puedan seguir funcionando después de la coyuntura".
Rolando Arellano C.

Doctor en Administración de Empresas

En momentos de tensión la sociedad debe apoyar a todos sus miembros, sin olvidar a los millones de y a sus , que se esfuerzan triplemente por el país. Veamos.

¿Qué pensará hoy Francisco, dueño de una empresa formal de confecciones que durante la cuarentena debe pagar el sueldo a sus ocho empleados, cuando ve que un competidor informal, aunque quizás con pena, solo cerró su fábrica y les dijo a sus ocho ayudantes que “les avisará cuando haya trabajo”? Felizmente el le dio 500 soles para ayudarlo en su planilla, pues ve que sus trabajadores no recibirán los 380 que se dará a quienes no tienen trabajo registrado. ¿Y qué sentirá cuando vea que se critica “a los empresarios” por su falta de solidaridad?

Sentirá quizás que todos creen que los empresarios formales son solo los dirigentes de grandes empresas, sin ver que 19 de cada 20 son pequeños como él y como el dueño del restaurante, del minimarket y del camioncito. Y que no saben que, si hoy el Gobierno puede dar un bono a los pobres y a los informales, es porque tiene un fondo compuesto por los impuestos de Francisco y sus trabajadores. Y que quienes los critican “por no apoyar más” no ven que las 400 mascarillas que él regaló, como los 100 millones de soles que dio el BCP y los víveres que dejan los vecinos para los policías (ver: ), son totalmente voluntarios y adicionales a sus otros esfuerzos.

Si el lector fuera Francisco, ¿sentiría que ser formal es una ventaja? ¿O consideraría más bien pasar a la informalidad para sobrevivir?

La respuesta es evidente y preocupante, y por eso debemos evitar que colapse el sistema productivo formal, que paga impuestos, genera trabajo estable para más de cinco millones de personas que también tributan, y ayuda a enfrentar las crisis de todos los peruanos. El Gobierno debe, así, dar todas las facilidades para que los formales –grandes, medianos y pequeños– puedan sobrellevar sus problemas de caja y de planilla, y puedan seguir funcionando después de la coyuntura. Y la sociedad debe entender que los empresarios como Francisco –y sus trabajadores– son sus socios, a los que, en lugar de explotar, hay que entender, reconocer y apoyar activamente.

Hemos ya escrito que la informalidad, como una carpa en una tempestad, protegió al país de grandes crisis, pero que no permite construir el segundo piso de una sociedad desarrollada. Por ello, alegrándonos por la ayuda en esta crisis a todos los pobres, informales o no, deberíamos también apoyar a la formalidad, para que los de fuera quieran formalizarse y para evitar que los que están allí deseen salir de ella. Por el bien futuro del país. Que tengan una semana solidaria.