Cuidar a las vacas, por Rolando Arellano
Cuidar a las vacas, por Rolando Arellano
Rolando Arellano C.

Doctor en Administración de Empresas

Hace unos días me impactó escuchar en la radio a uno de los damnificados por las inundaciones solicitar ayuda para sacar del lodo las máquinas de su taller. Y lo mismo me pasó cuando en sus primeras declaraciones al salir del hospital luego de su epopeya en el barro, la corajosa señora dijo que volvería a su crianza de ganado. Eso me hizo reflexionar sobre que, inmediatamente después de atender los problemas urgentes de alimentación y abrigo de las familias, debemos ayudar a las empresas, sobre todo a las pequeñas, que lo han perdido casi todo. Porque ellas, como sucede también con las vacas para muchas familias de la India, son la garantía de la supervivencia de largo plazo.

Aunque a mucha gente le parece absurdo que por su religión algunos hinduistas prefieran pasar hambre que comerse a sus vacas, los antropólogos nos dicen que lo hacen por el trasfondo práctico que tiene casi toda religión. Mientras tengan una vaca, dicen, habrá ayuda para arar la tierra, algo de leche para los niños y estiércol como combustible para cocinar los alimentos. Si la vaca muere (o se la comen), el futuro de la familia queda seriamente comprometido.

Eso mismo puede pasar con los muchos miles de pequeñas empresas que actualmente han perdido su capacidad de producir. Los salones de belleza con locales destrozados, las chacras con sembríos desaparecidos, las bodeguitas que perdieron sus mercaderías y los talleres textiles con sus máquinas deterioradas, si no se les ayuda rápidamente a recuperarse, auguran sufrimiento de largo plazo a las familias de dueños y trabajadores.

Toca entonces, cuanto antes, ayudarlos para ponerse en operación. Así sería muy útil que el sistema financiero, que ya da facilidades para el en las zonas de desastre, diseñe sistemas de financiamiento para el remplazo de las herramientas de producción de las empresas afectadas. De la misma manera, las industrias que les proveen de insumos y mercaderías deben plantearles esquemas más flexibles de crédito. También el personal debe ser solidario con sus empleadores, para juntos poner de pie sus centros de trabajo. Y nos toca a todos los peruanos ayudar a estas empresas comprando sus productos de manera prioritaria.

Lo bueno es que, más allá de su gran contenido humano solidario, el ayudar a que esos miles de pequeños y medianos empresarios recuperen sus empresas nos beneficia también a todos. Porque si doña Evangelina Chamorro conserva su granja y los miles de empresarios damnificados conservan su fuente de trabajo, habrá más empleo, mayor impulso a la recuperación económica del país y, como en el caso de las vacas en la India, menos sufrimiento en las familias. 

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