(Foto: GEC)
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Rolando Arellano C.

Doctor en Administración de Empresas

Cuando el rey del mundo le dice al Principito que si él ordena todos le obedecen y este le pide que ordene al sol que se oculte, le contesta que espere un poco, que lo va a ordenar al atardecer. Y añade: “debo exigirle a cada uno lo que puede dar [...] pues solo tendré obediencia cuando mis órdenes puedan cumplirse”. Imaginemos cómo sería el escrito de Saint-Exupéry si el Principito estuviera aquí con nuestro presidente.

Rey (Presidente), ¿puedes ordenarle a tu pueblo cualquier cosa para protegerlo de la peste? Claro, pero debo ver antes si el pueblo puede obedecerme. La historia está llena de prohibiciones que no funcionaron por no tomar en cuenta a la gente.

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¿Puedes ordenarle, por ejemplo, que deje de trabajar durante mucho tiempo? Puedo, pero hasta un límite, pues cuando a mis gobernados se les agoten los recursos, desafiarán mi autoridad para evitar el hambre de sus hijos. La gente solo se expone por necesidad.

¿Y no puedes tú darles tus riquezas? Mis riquezas nunca, pero sí puedo usar, razonablemente, los ahorros de mi país. Gastar mucho subiría mi popularidad, como en los gobiernos populistas, pero dejaría a mi pueblo sin recursos para mañana. El ministro del Tesoro debe limitar el gasto.

¿No podrías ordenarles a otros que entreguen sus riquezas? Puedo ordenarle a los burgueses (empresarios), pero si les exijo demasiado haré quebrar a los únicos que nos ayudarán a recuperarnos, y nadie querrá emprender luego. Y no creas que tamaño es riqueza, pues hay millones de empresas grandes, medianas y pequeñas en crisis. Son súbditos a los que también debo cuidar, aunque algunos críticos, que nunca producen, a veces hablen mal de ellos.

¿Entonces, no tienes cómo enfrentar el problema? Sí tengo, porque reinar es, sobre todo, lograr con organización, enseñanzas y estímulos positivos que los súbditos hagan lo que la autoridad desea. Un buen rey (presidente) estimula a sus súbditos a quedarse en casa, pero si ve que están obligados a salir para proveer a sus familias, les ayuda a que lo hagan sanamente. Porque debe proteger su presente, pero también su futuro.

Gobernar no es fácil, pues un rey, como un médico, debe resistir a su primer impulso de amputar para salvar a un paciente que tiene un problema en la pierna. Sabe que, aunque algunos lo criticarán, antes debe buscar mejorarlo por todos los medios y que la amputación debe ser su último recurso.

¡Pero los reyes nunca se equivocan!, dijo el Principito. Al contrario, se equivocan mucho. Pero los buenos reyes saben rectificarse cuando es necesario para ayudar mejor a su pueblo. Porque si le va mal al rey, también pierden sus súbditos. Te espero esta tarde, para ordenar esa puesta de sol que deseas.