El fono de Keiko y la urea de PPK, por Fernando Vivas
El fono de Keiko y la urea de PPK, por Fernando Vivas
Fernando Vivas

Columnistas, cronista y redactor

fvivas@comercio.com.pe

¿En verdad tenemos derecho a otear las anotaciones personales de unas agendas robadas?

Sí, pero hay que fundamentarlo. Es una transgresión justificable, como matar en defensa propia o cruzar una luz roja en una emergencia. Las agendas y cuadernos de Nadine son íntimos y, por lo tanto, debieran ser inviolables, pero parte de su contenido es de interés público solo si incluye indicios de la comisión de delitos o faltas. ¿Cómo determinarlo? Fácil: si hay datos asociados a denuncias periodísticas consistentes o a investigaciones en el u otras instancias administrativas (acaba de archivarse la investigación contra Nadine por lavado de activos, hay otra abierta sobre las finanzas de su partido y en cualquier momento se abre otra por temas conexos), ¡a verificar la autenticidad de puño y letra, y a denunciar nomás!

Quizá esto resulte tácito para muchos lectores y colegas, pero yo quiero subrayarlo. Hay un generalizado ánimo antipolítico que amenaza con canibalizar nuestra curiosidad ante la privacidad de los líderes partidarios. De pronto nos volvemos presas de un afán inquisidor que tiene más de morboso que de fiscalizador. En las agendas hay mucha información que hace sospechar que manejó un esquema irregular (a través de contratos simulados con parientes y amigas) de recepción de fondos de gobiernos extranjeros (a través de intermediarios empresariales), cuyo destino no habría sido solo el partido sino el desbalanceado patrimonio familiar. Pues a esa documentada sospecha hay que atenerse. No vale ponchar otros datos con la excusa de que toda la política apesta. La reunión de Nadine con su abogado para discutir una estrategia de defensa, con un periodista para pasarle un dato o con un correligionario para hablar de temas partidarios no tiene por qué ser reglada.

Cuando se revelaron las agendas dos semanas atrás, hubo un trasiego de páginas y anotaciones que me resultó invasivo. Pero, con el paso de los días, se fortalecieron líneas de investigación consistentes (sobre todo relacionadas con los contactos brasileños), que contrastan lo anotado en las agendas con otras fuentes e investigaciones periodísticas. Y claro, se refuerza la impresión que muchos teníamos antes de la explosión de las agendas: que el nacionalismo nació como aventura familiar con viada para un solo período, que Ollanta y Nadine han gobernado como si el humalismo –ya ni se usa el término– tuviera que morir con ellos. Novatos para gobernar y novatos –esto es lo que se investiga– para montar una red ilícita de recepción de fondos. 

Si mañana Keiko o Alan pierden su celular en un chifa y este acaba en manos de la prensa, solo será legítimo difundir los audios de aquello que sirva de indicio o prueba en alguna pesquisa en las que están envueltos. Si algún medio consigue acceder a la historia clínica de , no será legítimo banquetearnos en su intimidad torácica y prostática, a menos que así nos enteremos, por su nivel de colesterol o urea, de algún mal que lo incapacite o que desmienta información proporcionada por él. Solo una controversia generada por el candidato podría justificar que rasguemos el velo de un área tan delicada de la vida privada.

Y mientras fiscales y periodistas siguen el hilo de las sospechas, mal haría el Congreso en abrir nuevas comisiones investigadoras. Que Luis Iberico se concentre en la chamba preventiva que ha prometido: una reforma electoral que ‘desmercantilice’ la política y la salve de las bajas tentaciones.