“Gracias”, presidente Trump, por Marco Sifuentes
“Gracias”, presidente Trump, por Marco Sifuentes
Marco Sifuentes

Hoy Trump cumple una semana en la Casa Blanca y todos los temores respecto de su presidencia se están confirmando a la velocidad de un tuit. Pero hay un aspecto en el que parecería que tendríamos que darle las gracias, al menos, según nuestra izquierda: el TPP. 

Este acuerdo multinacional era, para ponerlo en términos llanos, un TLC grupal con 11 países de la cuenca del Pacífico. Las negociaciones venían siendo lideradas, obviamente, por Estados Unidos, que era el más interesado. Su propósito geopolítico era evidente: evitar que siga creciendo la influencia de China en la zona. 

Luego de siete largos años de negociaciones a puertas cerradas, de protestas y tensiones, el TPP se firmó hace menos de un año y tenía que ser ratificado por la mayoría de gobiernos. Pero Trump, en la línea de sus medidas proteccionistas, decidió retirar a EE.UU., con lo que todos esos años de trabajo se esfumaron en segundos.

¿Esto es bueno para el Perú? Las protestas de nuestra izquierda no estaban fuera de foco. Conforme empezaron a proliferar en los últimos lustros, los acuerdos multilaterales cada vez tienen que ver menos con el libre comercio y mucho más con asegurar la posición de dominio de determinados monopolios. El nombre del juego es “propiedad intelectual” y aquí Verónika Mendoza acertó, por ejemplo, en los peligros que el TPP representaba para los precios de las medicinas. Las grandes farmacéuticas norteamericanas introdujeron en el acuerdo una protección talibana respecto de sus patentes. 

Antes de Mendoza, nuestros activistas digitales locales –que los hay de todas las tiendas políticas– habían advertido de las cláusulas draconianas del TPP respecto de la libertad en Internet (el gobierno hubiera podido cerrar preventivamente una web con una simple acusación de “piratería”, no sería necesaria una investigación, menos un juez).

Pero hay otra forma de verlo. En el papel, el TPP no representa una gran pérdida para el Perú, en la medida en que ya cuenta con acuerdos bilaterales con la mayoría de los 11 países (incluido EE.UU.). Hasta allí, normal. Sin embargo, su defunción sí tendrá un efecto de carambola: ahora China no tiene competencia, es decir, se ha quedado sin incentivos para ceder terreno durante las negociaciones de cualquier futuro acuerdo comercial. Y si Trump sigue en su autodestructiva marcha antiglobalizadora, el mercado chino nos será más necesario que nunca.

La defunción del TPP es un verdadero presente griego para los países involucrados. Las duras condiciones de EE.UU. serán reemplazadas por las aún más duras de China (y, eventualmente, por las psicodélicas de la America Great Again). Quizás por eso es que nuestra izquierda no celebró que se haya cumplido, por fin, uno de los puntos de su plan de gobierno. O quizás solo haya sido el roche de encontrarse, por un momento, del mismo lado que Trump.