Somos –algo más– libres, por Rolando Arellano
Somos –algo más– libres, por Rolando Arellano
Rolando Arellano C.

Doctor en Administración de Empresas

El Perú siempre anheló desarrollarse sin depender de alguna gran potencia mundial. Hoy, cuando a todos asustan la elección de Donald Trump y lo que sucede en Europa y China, pareciera que nuestro país se encuentra menos expuesto que otros a las grandes convulsiones que se dan en el mundo.

Así, si en Estados Unidos Trump fue elegido por el descontento de las empobrecidas clases medias, en el Perú las clases medias crecen consistentemente desde hace años. Y si las mayores diferencias entre ricos y pobres motivaron que muchos estadounidenses votaran por el populismo, en el Perú se da el caso contrario, pues todos los indicadores muestran que aquí las distancias sociales, entre ricos y pobres y entre Lima y provincias, disminuyen consistentemente. Mientras allá se adelgaza, aquí el rombo se engrosa. 

Por otro lado, a diferencia de lo que convulsiona a Europa, el Perú tiene la gran ventaja de que el bienestar creciente de la población (aunque insuficiente y muy lejos de ser adecuado), se debe al esfuerzo de las mismas personas y no a la ayuda del gobierno. Mientras los ingleses votan por el ‘brexit’ y Grecia se derrumba porque su gobierno no puede mantener el estado de bienestar al que estaba acostumbrada la población, aquí no podría pasar lo mismo, porque nunca hemos dependido de las autoridades.          

Además, mientras en China el crecimiento de la economía y de la empresa se da con mucho control estatal, en el Perú el crecimiento se da en la más irrestricta libertad. No la del liberalismo de las economías desarrolladas, sino la del ultraliberalismo de la informalidad, donde el 90% de las empresas funciona en un mercado sin ayudas ni controles gubernamentales. Aquí la economía y las empresas no dependen del gobierno para funcionar. 

Y, finalmente, a diferencia de países que dependen de un solo gran comprador, como México de Estados Unidos, el Perú tiene opciones diversas: China, Europa, Estados Unidos o Canadá, entre otros. Y mientras muchas economías dependen de un solo producto, como Venezuela del petróleo, nosotros tenemos una gama variada de productos de exportación (cobre, oro, otros metales, productos agrícolas y pequeños montos del turismo, entre otras industrias).

Por primera vez en nuestra historia pareciera entonces que somos –algo– libres, como lo dice el himno nacional, pues no depender de una sola potencia nos da una independencia relativa. Pero ello nos coloca la inmensa carga de asumir una plena responsabilidad por nuestro futuro. Pues lo que nos suceda, bueno o malo, dependerá más de la manera en que manejemos nuestras oportunidades y nuestros problemas, que de los Trumps que se vayan eligiendo por el mundo.