"Y no, no todos los hombres son violadores ni asesinos, pero ya es momento de decidir de qué lado se ponen los hombres decentes". (Facebook)
"Y no, no todos los hombres son violadores ni asesinos, pero ya es momento de decidir de qué lado se ponen los hombres decentes". (Facebook)
Patricia del Río

Periodista

La percepción de la culpa no es objetiva y depende de la personalidad de cada individuo, de las circunstancias que propician los hechos y, por supuesto, de los valores, las creencias o los prejuicios que rigen la sociedad. Un chica que se emborrachó en una discoteca y fue manoseada puede pensar que es su responsabilidad por no haber sido suficientemente precavida. En ese caso estamos frente a una víctima que es incapaz de reconocerse como tal.

La cultura del “te la buscaste” es tan fuerte que ha costado décadas para que las mujeres tomaran conciencia de que “no es no” y de que no tenían por qué soportar nada que las hiciera sentir incómodas. Hace solo 20 años frente a una grosería disfrazada de piropo una chica se quería morir de la vergüenza. Ante una relación sexual forzosa y violenta callaba para no hacer escándalo. Si un profesor la acosaba se corría de él para no tener que enfrentarlo.

Lo que está pasando, y muchos hombres no quieren entender, es que por fin, esas ganas de gritar que estaban acalladas, esas lágrimas reprimidas después de una metida de mano, esa humillación disimulada frente a una pareja abusiva rebasó su límite. Se desbordó. Y por eso, basta que una cuente que la violó su jefe para que millones cuenten sus experiencias. Basta que cuatro mujeres inventen una coreografía para decirles a los violadores que la culpa ha sido siempre de ellos y no de quienes llevan la falda corta, para que el grito se convierta en alarido; la coreografía en una danza infinita.

El viernes la policía Freda Llonto fue asesinada por su pareja, el sábado desapareció en Loreto la periodista Sonia Alvarado y fue encontrada dos días después golpeada y asfixiada. El lunes a Lidia Iquise la masacraron, le quemaron el rostro y la dejaron tirada en el cerro Centinela en Villa María del Triunfo. Ayer el cuerpo de Joshuany Muñoz fue encontrado en su cuarto de Chorrillos, donde vivía sola.

¿De quién es la culpa? ¿De las pobres mujeres que ya no están acá para contarnos sus terroríficas historias o de los que las mataron sin asco? Después de siglos de ser consideradas los objetos de tentación que hacían a los hombres pecar, las mujeres han descubierto a punta de marchas, de insultos y de innumerables ataques que la culpa está en el otro. Que el dedo que las apunta es el que se mete entre sus piernas sin su consentimiento. Que el macho que se burla de sus protestas y las acusa de ‘feminazis’ está empezando a sentirse incómodo. Está reconociéndose horrendo. Está avergonzándose de su propio género.

Y no, no todos los hombres son violadores ni asesinos, pero ya es momento de decidir de qué lado se ponen los hombres decentes: o marchan con las mujeres y asumen su responsabilidad en esta lucha, o las ridiculizan y las rechazan y se hacen cómplices de esa bestia que dejó a Lidia desnuda y quemada al lado de un camino perdido en Villa María del Triunfo.