Mayimbú y el lío de blancos, por Fernando Vivas
Mayimbú y el lío de blancos, por Fernando Vivas
Fernando Vivas

Columnistas, cronista y redactor

fvivas@comercio.com.pe

¡Meeeeeee! ¿Quién va a ganar? Los lectores cultos que no le hacen ascos a la TV basura comprenderán la desesperación de mi pregunta y por qué apelo a Mayimbú (información para sus fans: según fuentes de Latina, la estrella de “Las aventuras de Carloncho y Mayimbú”, cuya chapa deriva del personaje de “Dragon Ball Z”, Majin Boo, no pudo votar porque, a pesar de sus 26 años, no tiene DNI).

Por supuesto, con Mayimbú nunca se sabe. Su marginalidad no es solo social sino moral. Va de un extremo a otro. Así como ha pasado del sector E indocumentado a ser estrella de la tele, va de la verdad a la mentira en un solo programa. A veces oscila en una sola escena. Tan pronto llora y se clama víctima del ‘bullying’, como ríe y suelta su espantoso balido –¡meeeeeeee!– convocando feliz e irresponsable a los ‘bulleadores’.

Mi punto es que hay un vasto país, transversal a regiones y razas (no tanto a estratos socioeconómicos), que se siente tan al margen del proceso electoral como Mayimbú; o, peor aun, que se siente atraído por su perspectiva recursera y mendaz. Votos blancos o nulos, sumados a quienes no votaron, hacen 1/5 de la población total, a la que le da igual quién diablos nos va a gobernar. Con los resultados de la primera vuelta se dio la polarización que temía la izquierda. La no polarización. Las variaciones musicales en torno al modelo. Se dio el ‘lío de blancos’ sinónimo del ‘no me incumbe porque me siento lejano’. La derecha popular y vulgar versus la derecha pituca y ‘nice’. La dicotomía no es mía, es la que sugiere el ‘establishment’. Yo no tengo certezas como Levitsky, tengo dudas sobre los dos. Como corresponde al ejercicio de la opinología.

Se dio la polarización no programática, la tangencial, diacrónica, contrafáctica. La que teme a la ‘fatalidad genética’ (la frase la usa Hugo Neira para interpelar al antifujimorismo de Vargas Llosa )y apuesta a la hazaña cardiovascular que promete PPK como quien invierte en un fondo mutuo. Hay mucho de corazonada, hígado revuelto, revancha y condena inapelable; y todo eso le resta energía al debate de fondo.

Quiero ver un duelo y (re)conciliación programática. Que no solo pidamos credenciales democráticas a Keiko y PPK, que pueden ser tan engañosas como una carta de recomendación, sino definiciones, plazos y metas (por cierto, el plan de gobierno de PPK es mucho más asertivo que el de Keiko). Y, ojo, mi miedo ante la tentación autoritaria y revanchista delatada por fujimoristas como Cecilia Chacón y Héctor Becerril es tremendo, ah. Pero tampoco dejo de preguntarme cuánto pesarán las ataduras que el ppkausismo ha adquirido con intereses muy segmentarios que complicarán su representación. Pues esas dudas no deben interrumpir el debate de las ideas.