Sus mayores ocurrencias, por Fernando Vivas
Sus mayores ocurrencias, por Fernando Vivas
Fernando Vivas

Columnistas, cronista y redactor

fvivas@comercio.com.pe

Se ha abierto la temporada de caza de temas. Un candidato no es un plan de gobierno ni un equipo técnico: es una historia de vida (un relato), un carisma y unos pocos temas o ideas fuerzas. Estas no salen como conejos del sombrero ni se resbalan de la manga por pura ley de gravedad: las inspira la coyuntura, las ilumina la visión de país que tenga el candidato y las pesca él mismo con sus estrategas. Lo ideal es que las tres cosas estén alineaditas: que la historia del líder haga creíble su idea fuerza y que sepa expresarla con carisma.

Por ejemplo, el lunes Keiko propuso que el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) nombre a los procuradores que hoy son designados (y despedidos) a dedo. La idea es buena porque parte de la visión compartida por todos los candidatos de que el costo de la corrupción es imbancable y supo engarzarla en su historia personal: “Cargué una mochila grande”, dijo Keiko con esa estudiada gravedad que lleva a pensar, en su ánimo de corrección del legado paterno, en convertir el pasivo histórico en activo político. Por cierto, sé de buena fuente que es una frase que ha pronunciado más de una vez en privado.

Acuña propone elevar al 6% del PBI la inversión en educación y nadie se lo discutirá, pues va con su biografía de empresario fundador de universidades y todos vivimos el sueño educativo. Lo formuló ingenuamente, como si el presupuesto de la república se pudiera ajustar en tamaño monto de un día para otro, pero luego habló de un prudente gradualismo. A PPK se le ocurrió proponer una baja del 2% en el IGV para apoyar la formalización de la economía, y aunque varios economistas se lo objetan, su historial de técnico ‘macroestabilizador’ que postula temeridades simplificadoras la convirtieron en una propuesta atractiva pronunciada con esa fresca asertividad tan suya. Alan García habla de un “canon comunal” para que los beneficios de los proyectos mineros lleguen más directamente a la población y así busca convertir, como Keiko, su pasivo histórico en activo político: el “perro del hortelano”, aquella frase que usó para referirse a los opositores a las inversiones extractivas, ahora se la chanta, con buen dominio del debate, al Estado hiperburocrático que se come la ganancia del pueblo.

He aquí, discutibles o no desde el punto de vista técnico, cuatro ideas fuerza con impacto político, pues nos dicen mucho del candidato y el candidato pretende decir mucho a través de ellas. Pero si estos cuatro ítems no les suenan descabellados, la angurria hará fluir barbaridades. Seguiremos con el regateo hacia arriba de quién da más salario mínimo vital (PPK ofrece 850; Acuña, 900; Verónika Mendoza, 1.000) o el regateo hacia abajo de los impuestos (PPK, como ya vimos, ofrece 2 puntos menos de IGV; y Keiko dos años ‘tax free’ para pequeños empresarios). 

Sin embargo, ese baratillo de propuestas hace que unas se anulen con otras. Más impacto tendrán quienes ofrezcan renegociar los contratos del gas –como Alfredo Barnechea, entre otros– para recabar más regalías y bajar tarifas del consumo local; los que prometan hacer algo similar con la electricidad; los que griten “agua para todos” sin encarar la reforma de Sedapal, cadena perpetua para un sinfín de delitos, muerte civil por pecadillos de función, programas sociales regalones. En cada caso, la propuesta no bastará para ser oída: el candidato tendrá que hacerla creíble. Y está el candidato puntero del 2016: la desconfianza popular.