No me araño por un espía, por Fernando Vivas
No me araño por un espía, por Fernando Vivas
Fernando Vivas

Columnistas, cronista y redactor

fvivas@comercio.com.pe

No nos enredemos en la telaraña de los espías. Eso es precisamente lo que quieren los militares pedigüeños de allá (y los de acá también): Que, pese al fallo de La Haya, mantengamos asuntos pendientes que justifiquen la vigencia de abultados presupuestos armamentistas. Ambas naciones somos víctimas de una conjura de uniformados, de una inteligencia alimenticia –¿‘cachái, on’?– para espiarnos y jamás amistarnos como Dios y el desarrollo mandan.

Ante la patanería militar, diplomacia pura. Que esto no pase de nota de protesta y embajadores en consulta. El Perú tiene que despolitizar el tema, que ya suficiente hizo con confirmar la revelación periodística, llamar a consejo de Estado y reunir a la oposición para explicar cómo fue el ampay a estos corruptos marinos; todo esto, pese a que el proceso en el fuero militar no ha acabado .

Bachelet y la civilidad chilena tienen una salida sobre la mesa: admitir que en una gestión anterior mandos de poca monta podrían haber perpetrado maniobras inconsultas para obtener información con fines subalternos. Algo así como la DINI disparándose por la libre. En fin, cualquier barajo que le quite al escándalo su gravedad patriótica y le dé el vuelo de un penoso malentendido. Y rodar alguna cabeza y declarar alguna oficina en reestructuración. ¿O prefieren el roche de pedir que investigue a un organismo internacional?

A Chile le tiene que costar pasar la página, pero el Perú tiene que hacer explícito que queremos pasarla lo más pronto posible. Por eso, Ollanta y Nadine tienen que deponer el más mínimo afán de usar el antichilenismo como tema distractivo. Y el canciller Gonzalo Gutiérrez, a quien hasta ahora se lo ve muy jalado de la solapa por la política, tiene que ceñirse el fajín y pelear para que el tema no salga de Torre Tagle.

Soy de los que sospechan que los Humala sí pretenden alentar el patriotismo para distraernos de sus cuitas. Si no fueron fuentes del propio gobierno quienes filtraron la noticia, sí es evidente que estaban preparados para su difusión y montaron un tinglado para que esta copara las portadas. Fue distinto a lo que pasó en el 2009 con el espía Víctor Ariza durante la anterior gestión de Bachelet y el gobierno de García: este se encontraba de gira en Asia y fueron los militares (el almirante Luis Giampietri era vicepresidente) quienes airearon la noticia. García acortó su gira, pero quedó el mensaje de que él no quería alentar el lío. 

Ahora tenemos un presidente militar en retiro, una primera dama saturada de denuncias; y, por el otro lado, una ex ministra de Defensa e hija de general chileno. Me temo que no será por ellos, sino por presión civil de diplomáticos, opositores y la opinión pública que no hagamos un combate del Pacífico de esta venta de data por USB. Torre Tagle tiene que hilar fino y firme para, en lugar de llorar por el inevitable enfriamiento de las relaciones, cobrársela más tarde a Chile logrando que este pare ya con su ventolera del triángulo terrestre. En todo lo demás, se impone la política de cuerdas separadas y no atadas con nudos marineros imposibles de desatar. Sí, porque los de allá que persisten en estas maniobras inamistosas son tan perniciosos como los de acá que venden su alma y todavía exigen gollerías.