"Estamos en mejores manos, no perfectas pero mejores".
"Estamos en mejores manos, no perfectas pero mejores".
Patricia del Río

Periodista

Se nos va esta primera década del siglo XXI y se va repleta de señales raras.

Rara es la forma como algunos seres humanos han escogido el odio como nueva forma de contrastar ideas, y las vomitan en las llamadas redes (anti)sociales.

Rara es la indolencia que se apodera de los ciudadanos que se niegan a acoger al que está en peligro, que huye del hambre, que huye de la guerra; y que no les importa que muera surcando el mar o caminando kilómetros.

Rara es la riqueza que se multiplica de manera indecente mientras la empieza a ser la marca registrada de una sociedad donde unos tienen lujos obscenos y otros no alcanzan niveles mínimos de subsistencia.

Rara es la y la muerte que persigue a las mujeres en sus casas, en las calles, en el mundo, a pesar de que nunca habíamos gritado tan fuerte pidiendo respeto, igualdad y derecho a vivir.

Raros son los argumentos con los que los poderosos intentan negar que el planeta se está achicharrando, que la naturaleza se está cobrando con huracanes, inundaciones, olas de calor y heladas, los siglos de destrucción a la que lo hemos sometido.

Raros son la insania y el horror con que se mata en nombre de algún dios, se discrimina tergiversando el mensaje de líderes que solo proclamaron amor, se miente y se impone un régimen del terror para impedir que los seres humanos nos aceptemos con nuestras diferencias.

Rara es la distancia que separa al gobernante del gobernado, lo ridícula que resulta la figura de la representación cuando ese al que se le ha otorgado poder se comporta como un reyezuelo ladrón, como un bufón, al que se le ha perdido el respeto.

Rara es la cantidad de personas que viven insatisfechas, que padecen problemas psicológicos, que creen que consumiendo cosas que no necesitan alcanzarán una felicidad de escaparate que no existe, que no sana.

Raro es este mundo en el que lo viejo se aferra al presente, en el que lo retrógrado pretende pasar por buena nueva, en el que el péndulo de la intolerancia amenaza con llegar al extremo.

Pero más raro aún, rarísimo en realidad, es que, a pesar de las alarmas, nada podrá impedir que la nueva generación que nació con un celular bajo el brazo tome las riendas del mundo. Que esa turba de millennials y centennials se pare frente a un violador para señalarlo sin miedo y sin vergüenza. Nada podrá detener a esa ola de adolescentes que se les planta a los dueños del mundo para gritarles que dejen de destruir el planeta. Porque sí pues, a pesar de todo, en este mundo raro el poder ya está en otra parte, la solidaridad está en almas nuevas, la responsabilidad en mentes más abiertas. Estamos en mejores manos, no perfectas pero mejores.

Feliz mundo raro, nuevo.