El Perú y Chile: raíces y frutos distintos, por R. Arellano
El Perú y Chile: raíces y frutos distintos, por R. Arellano
Rolando Arellano C.

Doctor en Administración de Empresas

A un año de la decisión de La Haya se espera que comience una mayor integración entre el Perú y . Eso será posible si, en lugar de criticar sus diferencias, los ciudadanos las entienden y les reconocen su valor. Una de ellas tiene que ver con las raíces de ambas naciones.

Así, uno de los atributos más diferenciadores es el relativo al tipo de mestizaje. Mientras el Perú es mezcla de españoles e incas, Chile es mezcla de migrantes europeos de diversos orígenes, sin aporte relevante indígena. 

¿Cómo influye esto en la manera de vivir y desarrollarse? Mucho. Por descender de europeos, los chilenos son muy abiertos a la modernidad que llega de Occidente. Para ellos, no es problema seguirla, pues su forma de pensar se moldeó con la lógica de causa y efecto de la ciencia y la tecnología de sus ancestros. 

Los peruanos resultan de la mezcla indígena con la cultura europea traída por España. Aquí convive la fuerza de los incas, imperio dominante y de fuertes estructuras sociales y económicas, con el pensamiento occidental heredado de Europa. Así, mientras un chileno no discute acerca de la tecnología o de la lógica económica que viene de Occidente, un peruano debe procesarla a la luz de sus creencias atávicas y sus costumbres. Una mina aquí no solo debe ser eficiente, sino además ser aprobada por los apus. 

Por ello, los peruanos tienen la creatividad y la innovación de los mestizajes. En el Perú se mezclan fácilmente lo externo con lo interno y lo nuevo con lo antiguo porque su diversidad se lo permite y hasta se lo exige. La cocina peruana, ropas, ritmos y bailes, y hasta su forma de hacer empresa son creación propia y cambiante. Con menos opciones, los chilenos basaron su desarrollo en hacer muy bien aquello que tenía éxito comprobado en Occidente: uvas, salmón, manzanas, vino, cobre, sistemas de distribución masiva y algo de tecnología. 

Así, en Chile el estereotipo del peruano es el del indígena atado al pasado, poco culto y sin disciplina, pero versátil y original. Y el del chileno, en el Perú, es el del sudamericano que se cree europeo, poco creativo y sin raíces, pero ordenado y trabajador. Por cierto, esos estereotipos se exageran hasta el insulto cuando no hay trato personal, como en las discusiones que vemos por Internet, pero se minimizan cuando se conoce personalmente a gente (y a empresas) de la otra nación, mostrando la fragilidad que tienen las generalizaciones. 

Siendo ambos estereotipos resultado de una larga convivencia marcada por rivalidades fronterizas, ellos pueden hoy cambiarse con una mirada más seria, desapasionada y útil. Para eso, debemos aceptar que las características culturales de un pueblo no son ni buenas ni malas, sino que son su herencia y esencia. Además, debemos reconocer que peruanos y chilenos somos distintos y que, para entendernos, necesitamos cambiar el “sentido común” que hoy usamos para comunicarnos. Por último, debemos comprender que, si trabajamos juntos, la gran diferencia de raíces entre ambos pueblos puede originar un mestizaje social y económico muy poderoso, con grandes frutos para el desarrollo mutuo.