(Foto: PCM)
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Pedro Tenorio

Analista político

El próximo martes en su discurso por 28 de julio, Martín Vizcarra leerá el mensaje más importante de su presidencia. Las cifras –que son de espanto– las conocemos: caída en los niveles de ingresos de millones de hogares, crisis de productividad en todos los sectores y un Estado semiparalizado ante el avance del coronavirus. Los especialistas debaten si tardaremos tres o cinco años en recuperar los indicadores económicos que teníamos antes del COVID-19. Tampoco sabemos cuándo terminará ni cómo llegaremos al final de esta pandemia. ¿El Gobierno entiende el papel que le toca desempeñar en los próximos 12 meses?

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En teoría, sí. El problema es la velocidad con que ejecuta sus respuestas a la crisis. La intervención en Arequipa llegó muy tarde, así como el auxilio a otras regiones donde la respuesta sanitaria colapsó por múltiples motivos. Ahora le toca al Ejecutivo proyectar esta enorme tarea anticipando los próximos meses, por eso la presentación de Vizcarra no puede ser más de lo mismo.

Si lo fuera, si no representara un auténtico ‘golpe de timón’ en la manera como viene gestionando el Estado, estaría reconociendo que tanto él como su equipo han sido desbordados. Vizcarra debe aprovechar esta fecha para replantear su comunicación política como líder –hacerla más directa, ejecutiva y proactiva, no centrarse solo en reacciones a los yerros consumados– y, además, proyectar los objetivos de su administración en función de la reactivación del país. Algo que ya adelantó Pedro Cateriano, pero no es suficiente.

En esa tarea hay que sumar al Congreso, no confrontar innecesariamente con él. A partir de este martes ingresaremos al último año de Vizcarra en el poder y tanto a él como a quienes vengan después les conviene que pueda entregar un país en franca recuperación, no anclado en el desborde y la inacción.

Y entre los motores que permitirán reactivar la economía (la misma que dotará los millonarios recursos para combatir la pandemia, tratar sus secuelas e invertir en mejorar nuestros sistemas de salud) la minería debe jugar un rol clave. No solo por el aumento de los precios actuales si no por la enorme cartera de proyectos que podríamos desarrollar en los próximos años. Lo que sucede hoy en Espinar, Cusco, donde se han quemado camiones y aumenta la violencia a manos de agitadores profesionales, es un adelanto del clima político que tendremos conforme se acerque el proceso electoral. Sería absurdo que el Gobierno claudique, como ha ocurrido antes, en un asunto que resulta fundamental para todos.

Aguardamos una ruta hacia la recuperación y el crecimiento, no una nueva lista de promesas huecas o de buenas intenciones. Repito: será el mensaje más importante de su presidencia y por el que será juzgado y recordado.