El presidente Martín Vizcarra dio su último mensaje a la Nación este martes 28 de julio por Fiestas Patrias. (Foto: Presidencia).
El presidente Martín Vizcarra dio su último mensaje a la Nación este martes 28 de julio por Fiestas Patrias. (Foto: Presidencia).
Pedro Tenorio

Analista político

No fue la mejor presentación de ante el . Debía ser un , acorde con el duro y extraordinario momento que vivimos: breve, directo, esperanzador. Sin embargo, estuvo muy lejos de ello. El presidente debía inspirar al país, pero solo fue a cumplir. Debía convocar a las fuerzas representadas en este Parlamento a fin de concertar una agenda de trabajo de aquí al próximo año, pero solo ofreció un gaseoso , una iniciativa con la que aspira a reunir a todos –sí, “todos”, dijo– los partidos políticos que existen.

¿Será posible alcanzar acuerdos a mediano y largo plazo con todos así reunidos? Ni en sueños. Vizcarra, de paso –como casi todo en su discurso–, citó a Churchill, aunque debió de tener en cuenta mejor esta otra frase, atribuida a Napoleón Bonaparte: “Si quieres que algo ocurra, nombra un responsable. Si no quieres que suceda, nombra una comisión”.

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Y ese responsable, en teoría, es . Sin embargo, luego de escuchar por casi dos horas al mandatario, todo indica que el jefe del Gabinete buscará el voto de investidura ante el Congreso con más de lo mismo. Y lo mismo son cifras de espanto como consecuencia del combate a la pandemia, así como serios problemas de gestión (el fracaso en la compra de las tan promocionadas tablets para casi un millón de escolares no tiene atenuantes).

La pregunta es si, además, este mensaje ha logrado transmitir confianza entre los agentes económicos, capaces de movilizar la iniciativa privada y de generar los miles de empleos que aún se siguen perdiendo, cada mes, a consecuencia de la crisis. Pienso que la respuesta es negativa.

Ahora, con el sinceramiento de la cifra de fallecidos por COVID-19, el aumento de contagios y el deterioro en la atención de pacientes que requieren internamiento de emergencia, la situación ingresa a una nueva etapa crítica. El Gobierno parece convencido de que le irá mejor prescindiendo de la participación de otros poderes. Por su parte, el Parlamento, sin un compromiso de trabajo conjunto con Vizcarra y compañía, seguirá enzarzado en el juego político de cada bancada. La campaña electoral está a la vuelta de la esquina y comienza la carrera por sumar puntos ante un elector angustiado: la demagogia se disparará y los proyectos que impulsará el Congreso tendrán un enorme costo económico y político.

Pero ese no parece ser un problema para Martín Vizcarra. Hoy, su principal preocupación es llegar a 28 de julio del próximo año habiendo controlado hasta donde le es posible la pandemia. Punto. Esos grandes proyectos de infraestructura anunciados en su mensaje avanzarán poco o nada porque así han sido los resultados de gestión de Vizcarra. Ojalá me equivoque.