El presidente Martín Vizcarra participa en una conferencia de prensa junto al titular de la Presidencia del Consejo de Ministros, Vicente Zeballos, ayer, en Palacio de Gobierno. (Foto: Presidencia).
El presidente Martín Vizcarra participa en una conferencia de prensa junto al titular de la Presidencia del Consejo de Ministros, Vicente Zeballos, ayer, en Palacio de Gobierno. (Foto: Presidencia).
Fernando Vivas

Columnistas, cronista y redactor

fvivas@comercio.com.pe

Primero las noticias malazas. La tormenta va a arreciar. Quizá no llegue a ti ni a tu casa, pero sí a gente que conoces. De todos modos te afectará; por lo menos te desesperará salir enmascarado a trabajar, si estás en un sector que puede hacerlo, o a comprar tu día a día. Con eventos, viajes, megaproyectos y todas esas cosas de largo plazo que hemos suspendido, estamos viviendo una vida de subsistencia.

Miren, pues, a lo que nos ha llevado crecer y chambear tanto, jactándonos de estar globalizados sin preocuparnos en las pequeñeces que podían pinchar el globo. No eran pequeñeces, pues, ni los virus, ni las brechas sociales, ni los impactos al medio ambiente.

Dejo la filosofía barata de pandemia para ir a nuestra curva y a los martillazos para aplanarla, que en eso se concentra la gestión del riesgo-país sanitario. Según el tiempo transcurrido en otros países para llegar a sus mesetas (entre seis y siete semanas desde el primer caso llevado a una UCI) y según las evidencias muestrales de que, ya dentro de la cuarentena hemos tenido aún una cantidad significativa de contagios, se estima que nuestro pico llegaría entre los últimos días de abril y primeros de mayo.

Probablemente, en unos días se acabarán las UCI y , y aumentarán las muertes de infectados a los que su familia no verá en su agonía ni velará ritualmente. El Gobierno está en una carrera desesperada para atenuar esa tragedia, para aplanar la curva antes de extenuar a hospitales y clínicas que ya no podrían atender otros males.

Para ello, tiene que haber un pacto de confianza. Confiar en que el Gobierno, con fiscalización del Congreso y de la contraloría a media caña, hará las compras y esfuerzos correctos; y que el Gobierno confíe más en el ciudadano y baje ese tonito de ‘si no te quedas en casa, te llevo a rastras a la comisaría’ que, en otro tipo de emergencia, no lo cuestionaría, pero sí en esta, donde la refriega de uniformados con zamarros es terrible fuente de contagio. Replanteen sus métodos, Mininter y Mindef. Afinen la cuarentena.

¿La buena? Que, aun antes y después del pico, hay actividades que pueden reanudarse. Las , con problemas y alcance limitados, empezaron el lunes. Las fotos de niños ante una tele o computadora en sus casas, o de viejos profesores dictando desde las suyas, son las mejores imágenes que he visto en medio de la tormenta. Esa es la clave: si te las ingenias para virtualizar, aislar, atender sin congregar ni desplazar mucha gente, guardando en casa a tus viejos y respetando los protocolos, es que encontraste tus anticuerpos. Con ellos, podrías salir a la calle, podrías abrir tu negocio.


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