Voto por Guzmán y por Acuña, por Fernando Vivas
Voto por Guzmán y por Acuña, por Fernando Vivas
Fernando Vivas

Columnistas, cronista y redactor

fvivas@comercio.com.pe

No son mis candidatos, pero voto para que se queden en la campaña. No sé qué decidirá hoy el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) sobre Julio Guzmán, pero voto por que valide su candidatura con un criterio elástico en el que los supremos valores de la representación y la voluntad popular se impongan sobre formalidades.

Me presto una reflexión de Hugo Neira que se la presta a su vez de Luis Bedoya Reyes: la judicialización de la política provoca una primera vuelta judicial que le quita oportunidad a la consulta popular. Por lo tanto, tenemos que recuperar la campaña para la política y no para el imperio de tecnicismos.

Me opuse a que se tachara a Luis Castañeda en la última contienda municipal por haber consignado estudios que no hizo. Fue un despropósito del Jurado Electoral Especial (JEE). No había intención dolosa en esa falta, pues no era requisito un cartón para ser alcalde. Tampoco había duda sobre la voluntad de sus partidarios de lanzarlo a la lid. El JNE hizo bien en corregir al JEE y confirmar la candidatura.

Sin embargo, Ricardo Uceda, en “La República”, cita casos en los que el JNE ha rechazado personeros y cambios estatutarios a diversas agrupaciones, por faltas similares a las de Todos por el Perú (TPP), el partido de Julio Guzmán. Siguiendo esa jurisprudencia, podrían tacharlo, pero el JNE tendrá que distinguir entre objeciones que pueden ser oportunamente subsanadas por los partidos, y la cancelación de una candidatura presidencial con una décima parte del electorado a su favor, según la última encuesta de GfK. Esa drástica decisión sería insubsanable.

Los organismos electorales tienen que cuidar que las elecciones se lleven con orden y equidad en los plazos de ley. Guzmán es responsable de un cambalache, pues ha forzado la refundación de un partido, TPP, para acoger su candidatura y su entorno. En el intento, ha incurrido en una serie de irregularidades (asamblea sin quórum de dirigentes, cambio de estatutos a destiempo, viciada elección de su consejo ejecutivo) que la hacen pasible de sanciones y compromisos de subsanación. 

Por respeto y equidad ante los partidos que han hecho las cosas bien ante el JNE, a TPP le tiene que costar salir de este embrollo. Como un mínimo gesto político de decencia, Guzmán debiera aparecer en público con su nueva dirigencia y con fundadores del partido, mostrando la sólida voluntad de viejos y nuevos militantes de lanzarlo a la presidencia. Si queda demostrada esa voluntad, no hay razón para tacharlo.

Tampoco estoy de acuerdo con tachar a Acuña por copión. El tribunal electoral del JNE no tiene autoridad para eso y los procesos administrativos contra él quizá excedan los plazos electorales. El país decidirá sobre Acuña en las urnas, tras el amplio debate que ya nos envuelve sobre su historia de éxito y de fraude. Y dudo mucho que el resultado le sea favorable.

La inequidad se instaló en esta campaña desde que el JNE no tomó todas las previsiones posibles para convencer por las buenas a Acuña de abstenerse de difundir el spot de la Universidad César Vallejo, aquel de la ‘raza distinta’. Era publicidad electoral camuflada detrás de la universidad. Ello trajo desde el año pasado un aura de inequidad publicitaria a la campaña que llevó a ser laxos con otros candidatos (PPK, Barnechea, Alan García han lanzado spots y difundido espacios en fecha indebida y sin reportar gastos) y severos a destiempo con el que empezó el despilfarro.