(Ilustración: Mónica González).
(Ilustración: Mónica González).
Mario Ghibellini

Periodista

Como en otros lugares de Lima, en el Paseo Colón se ha producido en estos días un aniego, pero de saliva. A pesar de los dos largos años que faltan para las próximas elecciones presidenciales, una combinación de resultados decorosos en los comicios regionales y cifras alentadoras en algunas encuestas parecerían haber abierto el apetito de quienes pudieran sentirse predestinados a asumir la candidatura de (AP) en esa contienda. Y, como se sabe, cuando la ración a servirse es una sola y los comensales con filo abundan, la reyerta está cantada.

La muestra más reciente de esto son algunas declaraciones de Raúl Diez Canseco –uno de los presuntos aspirantes a representar a la lampa en el 2021– publicadas ayer y dirigidas contra la autoestima de . Un disparo difícil de marrar.

“¿Qué le pasó a él?”, se pregunta retóricamente Diez Canseco en la entrevista. “¿Por qué a quien lo abrazó y le dio cariño después lo apuñaló por la espalda?”.

Y, claro, cuando una persona le atribuye públicamente a otra andar dando cuchillazos arteros, se entiende que las relaciones entre ellas no están atravesando por su mejor momento.

Hay que decir, sin embargo, que Barnechea se ganó la ojeriza de su correligionario a pulso. Y que, en general, sus actitudes hacia otros miembros de AP con algún predicamento en la ciudadanía no han sido las más fraternas.

—Drizello y Anastasio—

Ahí tenemos, por ejemplo, las fotos que se tomó con , poco después de que hubiese obtenido una resonante victoria en las elecciones para la alcaldía de Lima. Tocados con cascos que los protegían al parecer de la posible caída de meteoritos y oteando el horizonte en busca de la forma invisible de algunos proyectos inconclusos, Barnechea y Castañeda semejaban los hermanastros envidiosos de ese Ceniciento electoral que resultó ser Muñoz.

Cabe recordar, a propósito de esa comparación, que en el mismo proceso que este ganó con 1’907.693 votos, el hijo de Castañeda cosechó apenas 136.657 sufragios y llegó noveno. Y también que, solo dos años antes y representando también a AP –aunque como candidato presidencial–, Barnechea recogió en Lima 383.768 votos; y a nivel nacional 1’042.583. La verdad es que a quien habría que haberle colgado el eslogan de “ponte colora’o” (pero de vergüenza) no es precisamente a Muñoz.

No obstante, la hostilidad que en este caso quedaba librada a la interpretación del gesto, en lo concerniente a Diez Canseco fue directa y manifiesta. En setiembre del año pasado, en efecto, durante una visita a un local partidario, Barnechea se refirió a la frustrada candidatura de Luis Valdez a la alcaldía de Coronel Portillo (Ucayali) en los siguientes términos: “Es un acto inaceptable que dirigentes como Raúl Diez Canseco y Edmundo del Águila fueran a proclamar a un narcotraficante a Pucallpa […]. ¿Cómo es posible que un señor que tiene crímenes fuera candidato del partido? ¿A qué retrasado mental se le ocurrió eso?”.

Los aludidos se apresuraron por cierto a desmentir la especie y se sentaron a esperar la rectificación. Pero al cabo de unos meses, ya acalambrados, decidieron ponerse otra vez de pie.

Dicho todo esto, es pertinente precisar también que, más allá de la solidaridad que pueda despertar el ataque gratuito de Barnechea, Diez Canseco tampoco es un ídolo de multitudes en AP. Para empezar, porque en ese partido no hay multitudes; y en segundo lugar, porque otros políticos identificados con la lampa, como el congresista Yonhy Lescano o el gobernador regional de Cajamarca, Mesías Guevara, no dejan de recordarle que años atrás se alejó de la organización para integrar la plancha presidencial de Perú Posible, junto a Alejandro Toledo. Y de vez en cuando, evocan también las ingratas circunstancias en que se vio obligado a renunciar a la primera vicepresidencia de la república.

Acción Popular, pues, no solo no es, como ha dicho el propio Raúl Diez Canseco, un convento de monjas, sino que empieza a parecerse progresivamente a una casa llena de gente con apetencias más bien mundanas y convencida de que está a punto de saciarlas. Un devaneo que, para ser honestos, no daría la impresión de tener mucho asidero en la realidad.

—¡Anhelante!—

¿Cuáles son, efectivamente, los datos estadísticos que habrían desatado esta danza preelectoral con visos de capoeira full contact en el partido fundado por Fernando Belaunde? Pues todo indica que el triunfo en las elecciones para la alcaldía de Lima, el puñado de gobiernos regionales y locales obtenidos en ese mismo proceso, y las cifras de algunas encuestas recientes. La más llamativa de ellas, la realizada a nivel nacional por Datum a principios de este mes y en la que, a la pregunta de por qué agrupación política votaría en los comicios presidenciales del 2021, un 26% de los consultados respondió que lo haría por Acción Popular.

Antes de ponerse tan anhelante, sin embargo, quien esté soñando con el poder que esos números prometen debería preguntarle al ya mencionado Castañeda Lossio qué tiende a suceder en nuestro país con tanta intención de respaldo para la presidencia conforme la fecha de ir a las urnas se acerca.

La nostalgia por AP, de otro lado, solo sería explicable por alguna no detectada epidemia de Alzheimer en el territorio nacional o por lo que el poeta Jorge Manrique escribió en una de sus coplas más famosas. Aquello de “cómo, a nuestro parecer, cualquiera tiempo pasado fue mejor” (“a nuestro parecer”, dijo). Porque, verdades sean dichas, los gobiernos del venerable arquitecto Belaunde fueron pésimos (a fines del segundo, por citar un dato que viene a la mente, la inflación estaba por encima del 110% anual). Y el hecho de que otros peores los sucedieran no mejora un ápice la pobreza de esas gestiones.

Ya habrá ocasión de recordárselo, ténganlo por seguro, a quien aseste en esta gresca partidaria la última lampada.