Cristina Fernández

Doña Prudencia Huánuco llora desconsoladamente al recordarlos. No controla el llanto cuando narra los momentos que vivió junto a los jóvenes sacerdotes polacos , quienes en solo dos años al servicio de decenas de pueblos andinos de Áncash calaron en la gente más que cualquiera.

En el distrito de Pariacoto, en Huaraz, tienen el recuerdo fresco de ellos. El viernes 9 de agosto de 1991, un grupo de terroristas de Sendero Luminoso tomó por asalto la parroquia Señor de Mayo y a sangre fría asesinó a los curas y al alcalde Justino Masa. “Así mueren los servidores del imperialismo”, se leía en un cartel que los verdugos dejaron sobre el cuerpo del padre Zbigniew.

Pese al crudo recuerdo, sobre este permanece la ardua labor social a favor de los más necesitados que realizaron los dos curas franciscanos. “Estábamos desprotegidos. Un año y medio antes los terroristas hicieron estallar la comisaría y los policías huyeron de aquí. A los sacerdotes no les importaron las amenazas que recibían y decidieron quedarse”, cuenta doña Prudencia, vecina y amiga de los curas asesinados.

La amenaza iba en realidad a la autoridad católica de ese entonces, el obispo de Chimbote Luis Bambarén. “Si no te vas de Chimbote, te mataremos dos curas cada semana”, le dijeron los terroristas. Aunque él pidió a los sacerdotes extranjeros que dejasen sus parroquias, ni Tomaszek ni Strzalkowski ni el sacerdote italiano aceptaron.

Luego de 16 días del asesinato en Pariacoto, Dordi tuvo el mismo destino. Era domingo cuando el cura italiano, conocido como padre Sandro, fue emboscado y cruelmente asesinado en una carretera del valle de Santa, a la salida de Vinzos.

Él llevaba 11 años trabajando en Santa y sus veinte anexos. Vestía y comía como la gente del campo. “Sabíamos de las amenazas y tratábamos de no dejarlo solo. Cuando nos enteramos de su muerte, no podíamos creerlo. No hubo sacerdote tan comprometido con la formación de los niños y con tanta preocupación porque las mujeres se preparen para que no dependan de sus maridos”, narra Marcos Sing Balta, agente pastoral por ese entonces.

Lina Robles de Sing, quien junto a su esposo integraba la catequesis familiar, recuerda lo devastador que fue para el pueblo la pérdida del padre Sandro. “Era tan humilde que lo único que poseía era una pequeña maleta en la que guardaba un viejo pantalón y un saco de corduroy. No pensaba en él, siempre se preocupaba por dar a los demás”, cuenta.

Han pasado 24 años, pero las poblaciones de Pariacoto y Santa aún lloran la ausencia física de Miguel Tomaszek, Zbigniew Strzalkowski y Alessandro Dordi y recuerdan sus enseñanzas. Estos dos pueblos celebran con algarabía la beatificación Francisco y .

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