A diario, 30 voluntarios reparten alimentos a madres solteras, ancianos, recicladores, indigentes, turistas varados y ambulantes. Con la ampliación del estado de emergencia la Cruz Roja corre el riesgo de quedarse sin provisiones (Foto: Zenaida Condori).
A diario, 30 voluntarios reparten alimentos a madres solteras, ancianos, recicladores, indigentes, turistas varados y ambulantes. Con la ampliación del estado de emergencia la Cruz Roja corre el riesgo de quedarse sin provisiones (Foto: Zenaida Condori).
Zenaida Condori Contreras

Son las dos de la tarde y en la sede de la de Arequipa los voluntarios cargan apresurados los menús que repartirán en la calle. Más de 100 personas los esperan, madres solteras, ancianos, mendigos, extranjeros varados, recicladores, ambulantes y personas con discapacidad. Todos diferentes, pero con tres cosas en común, no tienen trabajo, se sienten olvidados por el Estado y tienen hambre.

Armando Dueñas conduce la vieja ambulancia del año 85, hace una parada en el grifo para cargar combustible y se dirige a la avenida Dolores. En la esquina de la primera cuadra los espera Cristopher, un colombiano que hace malabares. Estaba solo, pero pidió tres platos más para sus compañeros. Jorge Herrera, el otro voluntario, le hace firmar una planilla y le dice que regresarán para darle la ración a sus amigos porque la entrega es personal.

Familias hacinadas

En la Calle García Carbajal esperan 30 familias que viven hacinados en una casa que tiene varios cuartitos. El 80% de ellos tienen nacionalidad venezolana.

“Antes de la cuarentena yo trabajaba en un restaurante donde me pagaban S/ 30 por día. Cuando decretaron el estado de emergencia el dueño cerró el local y nos dijo que regresemos cuando todo pase. No tenía contrato, solo acuerdo de palabra. Ya pasó mucho tiempo y no tenemos dinero, prácticamente estamos viviendo de lo que nos da la Cruz Roja”, indicó Annis Romero.

Mientras los migrantes recibían su almuerzo, Gonzalo Palao se acercó a pedir un plato de comida. La pandemia lo dejó sin trabajo y sin alimento. Antes se ganaba la vida como jalador en un restaurante de los portales de la Plaza de Armas. Su inglés fluido le permitía sacar al día un promedio de S/ 100. Ahora se dedica a limpiar parabrizas de los pocos autos que transitan.

Solo tiene para una comida al día, el resto debe juntar para enviar a su familia que vive en Tacna. El olor del guiso de calabaza le arrancó una sonrisa. Hace tiempo que no probaba un buen almuerzo. Le parece lejano aquellos días donde consumía los mejores platos arequipeños. Agradeció a los voluntarios y les dijo que mañana los esperaría en el mismo lugar, que no fallen.

Retraso

Faltan 10 minutos para que sean las tres de la tarde y aún no llegan a la calle Peral, donde otras 30 familias esperan el almuerzo. Los voluntarios están retrasados. En la Nicolás de Piérola se topan con varios indigentes y hacen una parada. Dos argentinas que hacen artesanías, un vendedor de caramelos, un reciclador, un loquito que necesita un baño y tres hombres que salieron a buscar trabajo y un anciano con su bolsa de pan, hacen cola.

El último en llegar es Miguel Mamani. Camina lento. A sus 62 años necesita de un bastón para movilizarse. Es un hombre solitario, natural de Calapuja, un distrito de la provincia de Lampa, en Puno. Confesó que le gustaría regresar a su pueblo, pero sabe que no hay transporte. Caminar como lo hacen sus paisanos no es una posibilidad para él. “Yo trabajaba en la chacra, pero ahora ya no me quieren llevar, dicen que por mi edad debo estar encerrado en la casa. Pero felizmente esto ya se acaba”, dice el anciano.

Miguel Mamani no ha escuchado el último mensaje del presidente Martín Vizcarra. Piensa que el domingo se levantará el estado de emergencia y todo volverá a la normalidad.

Los voluntarios de la Cruz Roja continúan la ruta. La hora les gana. Cuando voltean la calle, hay un indigente sentado frente al mercado San Camilo. No pueden seguir de largo. Jorge Herrera baja con un taper, un jugo de botella y su planilla. El hombre dice tener 75 años. No tiene el ojo izquierdo y la herida parece fresca. El voluntario le pregunta si recibió atención médica y el hombre dice que no lo quieren atender en el hospital. Le vuelve a preguntar qué le pasó y el indigente dijo que le hicieron brujería y comienza a decir incoherencias.

Más hambre

Armando Dueñas se impacienta y le pide a su compañero que se apure. En Peral hay varios niños que están esperando. Jorge Herrera ya no le hace firmar la planilla y sube a la ambulancia. El vehículo acelera. A dos cuadras del punto, en la calle Santa Marta había una joven policía que impidió el pase de la unidad. Dueñas le pide que le permita el tránsito porque están llevando alimentos a unas familias necesitadas. La policía levanta la voz y le dice que busque otra calle, porque esa estaba cerraba.

Jorge Herrera se baja de la ambulancia y camina las dos cuadras para ordenar a los que van a recibir los alimentos. Dueñas, pisa de retro y da la vuelta. A unas calles, un hueco le provoca un bache y las cajas con los táperes se caen. Ya no estaba su compañero para sujetarlos. El conductor para me pide que vaya a la butaca y cuide los menús para que no se echen a perder. Conduce varios minutos para encontrar un ingreso. Sucede que en Arequipa hay más calles para salir del centro histórico, que para ingresar.

Cuando llegaron al punto había dos madres de familia, una con dos hijos y la otra con cuatro. Varios ancianos, jóvenes de Chile, Colombia y Venezuela. Adultos sin trabajo y mujeres varadas. Todos recibieron un táper de comida, su jugo en botella y un tenedor. Uno de los niños preguntó por qué se tardaron mucho. Normalmente el almuerzo les llega a la dos de la tarde, había una hora de retraso.

Allí debía terminar la jornada, pero los voluntarios separaron unos táperes para entregar a los amigos del malabarista, de la avenida Dolores.

Colaboración

Todos los días, desde 23 de marzo, la Cruz Roja prepara 110 platos de almuerzos y 110 raciones de refrigerio caliente para la noche. Por cada turno salen dos ambulancias para la distribución. La primera semana, la Cruz Roja sumió los costos con sus propios fondos. Luego han cursado más de 20 oficios a diferentes empresas para recibir la colaboración y solo ocho han respondido.

Entre los que se manifestaron está el Colegio de Ingenieros con un lote de 540 panetones, Industrias San Miguel con paquetes de gaseosas y jugos, el club Melgar dio rehidratantes. Mi Mercado en dos ocasiones entregó gran cantidad de frutas y verduras. Hay otras empresas que realizaron depósitos en efectivo.

“Tenemos 30 voluntarios que vienen apoyar en la preparación y distribución de los alimentos. Colaboran en dos turnos. Aquí tenemos un control de desinfección estricto para el personal, las unidades móviles y los productos que recibimos. Los que distribuyen salen con sus equipos de protección. Tenemos asesoramiento del Colegio de Nutricionistas para elaborar los alimentos”, indicó el presidente de la Cruz Roja Peruana filial Arequipa, Luwing Talledo.

Este jueves, los voluntarios salieron con retraso a repartir los alimentos porque estuvieron pendientes del mensaje presidencial. La ampliación del estado de emergencia hasta el 10 de mayo los tiene preocupados. Las reservas se están agotando y cada día aparecen más personas vulnerables. Los voluntarios pidieron a las empresas y personas de buen corazón que los ayuden con víveres para seguir alimentando a las personas de la calle. Para colaboración pueden comunicarse al número 054-20 43 43 o al celular 954 876 309.

Dato

La Cruz Roja tiene 250 voluntarios activos y más de 500 en reserva.