Dicen que para la Virgen de Chapi no hay imposibles. Sus devotos más consagrados aseguran que puede conceder desde la curación de una enfermedad hasta el regreso del ser amado. Pero para recibir el milagro se debe cumplir dos requisitos: la fe y la peregrinación de tres años seguidos. 

Por esa razón cada primero de mayo, mientras en otros lugares celebran el Día del Trabajo, en Arequipa cientos de fieles peregrinan hasta llegar al santuario de la Virgen de Chapi, que se ubica a unos 87 kilómetros de la ciudad de Arequipa, en el distrito de Polobaya. 

Los fieles van en transportes hasta la mitad de la ruta, se quedan en la zona de Siete Toldos y de ahí inician la marcha cargando piedras. Es una travesía de 40 kilómetros de camino empinado y agreste. Algunos lo hacen en dos horas y otros demoran cuatro, dependiendo de las condiciones físicas. 

En la ruta hay un punto de descanso llamado Las Tres Cruces, donde los caminantes dejan las piedras que llevan y prenden unas velas como agradecimiento por el perdón de sus pecados. Ya limpios, continúan el camino al encuentro con la Virgen de Chapi.  

-Amor-

Pilar, de 24 años, y Jean Carlos, de 25, se van a casar el próximo 24 de agosto, pero las cosas no andan bien entre sus familias. La joven pareja ha peregrinado esta mañana cargando un cuadro con la imagen de la virgen. Es el segundo año que lo hacen y saben que deben regresar al próximo año para que la virgen les cumpla el milagro. 

“Tenemos un pedido especial: que haya unión en ambas familias. Que bendiga nuestro matrimonio, es lo que pedimos con fe. La virgen ha decidido que estemos juntos y nadie nos podrá separar”, indicó Jean Carlos.

Él es chofer y ella profesora de nivel inicial. Ambos han grabado su nombre en el cuadro de la Virgen de Chapi que trajeron para que sea bendecida. 

-Familia-

Al costado del gran escenario hay varias réplicas del manto sagrado de la Virgen de Chapi. Las personas hacen cola para tocarlo y rezar. Con imperdibles cuelgan fotos, cartas, alasitas de casas, carros y títulos profesionales para que la virgen los haga realidad. 

En la fila estaba Yolinda Bedregal esperando su turno. Acongojada, llevaba un cuadro de la virgen. Yolinda vino con su quinto y último hijo para hacer bendecir el cuadro que le regalaría. Ella es devota desde pequeña, nunca ha faltado, es una creencia heredada de sus padres. Asegura que una vez se le presentó la virgen cerca del santuario. Eran épocas difíciles, le pidió que le ayude terminar de construir su casa, y al poco tiempo ya tenía los recursos. 

“Es milagrosa. Tengo cinco hijos varones y ahora siempre pido por ellos. Todos los años vengo solo por mis hijos. Antes peregrinaba por mi artrosis, ya no puedo caminar mucho; pero mientras tenga vida, vendré. En mi casa tengo cinco cuadros de la virgen que están bendecidos”, agregó Yolinda. 

-Visitantes-

La devoción que genera la Virgen de Chapi traspasa fronteras. Carlos Aparicio llegó desde Nueva Jersey, Estados Unidos, para visitar a la virgen. Él volvió después de 40 años al santuario. Realizar el peregrinaje lo trasladó a aquellas épocas en que de niño acompañaba a su padre al santuario. Sintió nostalgia al pasar por la ruta pues su padre falleció hace 10 años. 

Aparicio llevaba en su mano una figura blanca de la mamita de Chapi y un recipiente donde guarda el agua bendita que pudo conseguir. Carlos Aparicio es un arequipeño de 54 años que radica en Nueva Jersey. Se dedica a la fabricación de máquinas y la comercialización de todo tipo de metales.  

“He vuelto porque necesito de la protección de la virgencita. Soy como una ovejita que ha vuelto a su redil. Mis abuelos y mis padres fueron devotos de la Virgen de Chapi. Ahora le he pedido que me permita llevar a mi esposa a Estados Unidos con todos los papeles formales. Me siento tan feliz de volver a ver a la misma virgen que vi cuando era niño”, indicó Carlos. 

-Tradición-

La imagen de la Virgen de Chapi es venerada hace más de 300 años. Se mantiene intacta por los cuidados especiales que recibe. Es pequeña, se calcula que mide un metro y medio y que debe tener más de 100 vestidos. En 1985, el Papa Juan Pablo II la coronó con una aureola de oro. Actualmente usa una réplica, la original está resguardada. 

Ella permanece todo el tiempo en su santuario. Sólo sale en ocasiones especiales. Cuenta la historia que en el siglo XVII la imagen se encontraba en el pueblo moqueguano de Accahua. Luego de la erupción del volcán Huaynaputina, los pobladores llevaron la imagen de la virgen al valle del Chapi, una localidad que se hallaba a unos kilómetros del santuario. En la zona descubrieron un ojo de agua y los pobladores construyeron una pequeña capilla para la virgen. Luego, quisieron trasladarla a otro lugar pero no pudieron. 

Hoy llegaron más de 200.000 fieles para venerar a la virgen milagrosa. La misa central fue presidida por monseñor Giovanni Cefai, en representación de monseñor Javier Del Río Alba, arzobispo de Arequipa. Después de la misa, la imagen recorrió en procesión la explanada del Santuario. En la tarde se ofició la misa de despedida a los peregrinos.

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