(Foto: archivo)
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José Carlos Requena

Es irónico que la celebración de una de las profesiones que defienden las libertades se haya iniciado bajo una dictadura, la de Odría, en 1953.

En el caso del ejercicio del periodismo en las regiones, a la ironía se le agregan el descrédito y la tragedia. La imagen del periodista provinciano que retratara Mario Vargas Llosa en “Pantaleón y las visitadoras”, en que la ocupación era sinónimo de extorsión y falta de escrúpulos, es ampliamente difundida. En muchos lugares, lamentablemente, la realidad ha superado la ficción.

A pesar del descrédito, muchos periodistas llegaron a ocupar cargos de elección popular reiteradamente. En el invierno 2005, en una visita a Cusco, se preguntó a un viejo operador izquierdista sobre los partidos más fuertes (o, en cualquier caso, los políticos más influyentes) de la región. “¿Partidos? ¡Qué partidos!... ¡Tienen que hablar con los medios! Ellos son los que hacen la agenda aquí”, decía.

La realidad parecía darle la razón: eran momentos en que un periodista en receso, Carlos Cuaresma (FIM), presidía la región Cusco. El sucesor de Cuaresma fue otro periodista, Hugo Gonzales Sayán, que terminaría en prisión por un caso de corrupción. También estuvieron ligados a medios de comunicación Mauricio Rodríguez (Puno, 2010-2014) o Luis Aguirre Pastor (Madre de Dios, 2010-2012), por nombrar dos gobernadores regionales recientes. Entre los vigentes, Ángel Unchupaico (Junín) se ha dedicado al periodismo en el pasado. Una particularidad compartida, al margen de las inclinaciones ideológicas: la retórica reivindicativa.

Pero, más allá del poder de influencia o el real, el ejercicio del periodismo en el interior del país entraña un drama, muchas veces opacado: la extrema desprotección.

Según la Asociación Nacional de Periodistas, en el 2016 se dieron 114 ataques a periodistas, incluidos el asesinato de Hernán Choquepata en Camaná (Arequipa) en plena cabina de transmisión y el encarcelamiento de Ronald Ormeño en Huaura (Lima Provincias). Hace poco, el colaborador de Latina y El Comercio en Madre de Dios, Manuel Calloquispe, fue agredido en Lechemayo por personas vinculadas al tráfico de combustible.

El empoderamiento de las economías ilícitas o administraciones subnacionales corruptas ha convertido al periodismo fuera de Lima en el más débil de los oficios. “La cercanía al medio local y los conocimientos sobre lo que sucede allí es su más grande ventaja, pero también se convierte en la más grande amenaza cuando ellos develan la verdad”, decía Aase Hjelde en el 2008, en el prólogo de su libro “Periodismo bajo terror”, sobre el ejercicio del periodismo en Ayacucho durante los años 80. ¿Cuán lejana es la descripción a la del Perú informal de hoy?