Redacción EC

Como es costumbre, cada 1 de noviembre, aprovechando el feriado, miles de personas acuden a los cementerios para visitar a sus difuntos. Esto se da a pesar de que hoy se conmemora el y recién mañana el .

Las familias llevan, en la mayoría de los casos, ollas con comida y bebidas para compartir por varias horas frente a las tumbas de sus seres queridos. Asimismo, hay un lugar en el país donde estas tumbas se han convertido desde hace 20 años en un atractivo turístico debido a su extravagancia.

Esto se da en el camposanto ubicado en el distrito de Ninacaca, uno de los trece que conforman la provincia de Pasco, a una hora de la ciudad principal, Cerro de Pasco. Las tumbas son curiosas réplicas en miniatura que identifican aquello que caracterizó al difunto.

Lo primero que llama la atención en el cementerio San Pedro de Ninacaca es, sin lugar a dudas, la falta de cruces. En todo el camposanto se aprecian réplicas de palacios municipales, capillas, iglesias, la catedral de Tarma, colegios, ambulancias, edificios, castillos, arquitectura india, islámica, influencia árabe, edificaciones rusas e incluso las réplicas del estadio Alejandro Villanueva de Alianza Lima y del Monumental de Universitario.

Los estilos arquitectónicos son variados, se mezclan construcciones de estilo bizantino, con influencia árabe y con detalles de templos religiosos rusos.

La construcción del cementerio de Ninacaca inició en marzo de 1989, a partir de un episodio trágico: un atentado terrorista destruyó el local de la cooperativa San Pedro de Ninacaca, luego el presidente de la comunidad fue secuestrado y asesinado; más tarde el alcalde murió en una explosión y la oficina quedó en escombros.

Se levantaron réplicas y los restos de los fallecidos descansaron ahí. Tiempo después falleció el director de la escuela y como nicho se construyó un colegio en miniatura. A partir de entonces se instauró esta costumbre.

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