Renato Cisneros: “Desconfío plenamente de la palabra éxito”
Renato Cisneros: “Desconfío plenamente de la palabra éxito”
José Miguel Silva

Treinta mil ejemplares originales vendidos de su novela “La distancia que nos separa” en un país castigado por la piratería editorial convierten a en uno de los autores peruanos de mayor acogida en los últimos años. Sin embargo, el poeta, periodista, escritor y columnista toma esto con humildad, rasgo que lo define desde siempre.

Desde Madrid, ciudad en la que reside hace un tiempo junto a su esposa, el autor nacido en 1976 accedió a respondernos vía e-mail este breve cuestionario sobre sus inicios en el periodismo, su etapa como blogger con “Busco novia”, pero principalmente ensaya una explicación en torno a la buena recepción que ha logrado su historia familiar hecha libro, con ediciones en México, Chile, España, Argentina y Colombia, una traducción lista al francés y una próxima al alemán.

-30 mil ejemplares vendidos en Perú. Una nutrida gira internacional que trae críticas muy positivas. Siendo finalista de la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa. ¿Esto es lo más parecido al éxito o ese es un término del que prefieres mantenerte alejado? ¿Cuál es tu balance de lo logrado hasta hoy con “La distancia que nos separa” (LDQNS)?

Desconfío plenamente de la palabra éxito, de sus derivados, de sus efectos irreales. Tengo la impresión de que lo exitoso es más bien una idea que los demás tienen sobre alguien o sobre algo en un momento determinado. En el ámbito literario, el éxito, si acaso existe, radica menos en las ventas y críticas y los ránkings, y más en el tipo de relación que se establece con los lectores. El hecho de que alguien que no te conoce invierta su tiempo en leer un libro tuyo, y lo disfrute, lo discuta, lo contraste y encima lo recomiende, no tiene precio. Lo que más me motiva hoy de LDQNS es que, a dos años de su lanzamiento, la novela continúe llegando a manos de lectores de otras latitudes y sea materia de lecturas y observaciones tan distintas y enriquecedoras.

-¿A qué atribuyes que esta novela haya capturado la atención de tantos lectores extranjeros? ¿Crees que el perdón, el olvido, la memoria y los afectos son temas eminentemente universales?

Creo que el libro narra circunstancias privadas que son universales —la paternidad, el misterio que envuelve a las personas que más amamos—, y plantea un aspecto que siendo individual puede también leerse como un gesto político: la revisión del pasado, una revisión histórica, social e intimista a la vez. Quizá los lectores encuentran, detrás del contexto peruano de LDQNS, un mundo de experiencias que dialoga directamente con los vacíos de su propia biografía.

-Desde la distancia que te otorga vivir en el extranjero, ¿cuál crees que es la más grande diferencia entre la industria editorial peruana y, por ejemplo, la española? ¿Estamos tan lejos como se piensa?

Los dos factores que saltan rápidamente a la vista: más lectoría y más formalidad. En España, igual que en el Perú, conviven las empresas editoriales grandes y los sellos independientes, pero en un marco formal. La piratería no existe. En el Perú, en cambio, la piratería no solo es funcional sino que aún da cierto prestigio. Ser pirateado en el Perú sigue siendo una noticia que uno no sabe si condenar o celebrar. Otra diferencia radica en que la industria editorial española está apuntalada por el dinamismo imaginativo de las librerías, la presencia de las bibliotecas municipales y la constancia de una crítica literaria respetada. Eso la hace sistémica. Hay oferta, demanda, estímulo.

-Quisiera llevarte un poco al pasado. ¿Crees que la práctica del periodismo deportivo fue fundamental en tu formación como escritor? Porque esta es, sin duda, una de las especializaciones del periodismo que más libertad otorga frente a la página en blanco.

Pasar de escribir poesía a hacer periodismo significó para mí un giro estilístico de 180 grados, que no fue traumático preciamente porque caí en una redacción de deportes, donde había que apelar a la seriedad y el rigor periodístico, pero también a la imaginación en el uso del lenguaje. La mejor narrativa deportiva está hecha de analogías e ideas, que son materiales literarios. De modo que sí, haber sido reportero de Deportes —además de un sueño cumplido en su momento— fue un laboratorio escritural muy fructífero. 

-Con tu blog “Busco novia” lograste enganchar y fidelizar a públicos de varias generaciones. ¿Cuántos de aquellos a los que le robaste una sonrisa con tus post crees que siguen hasta hoy leyéndote ya como un autor que se codea con importantes escritores latinoamericanos? 

Ese blog me permitió entrar en contacto con lectores que de otro modo no hubiera conocido, así que siempre lo veré como un antecedente entrañable. Muchos de ellos aún me escriben a través de las redes. En algún sentido, hemos crecido juntos. Asumo esa fidelidad como una consecuencia generosa del trabajo.

-Finalmente, está  claro que deseas continuar tu faceta de escritor y también (actualmente) eres columnista (Somos y Fundación BBVA). ¿Existe la posibilidad de imaginarte volviendo a una de tus actividades pasadas en radio o como periodista de papel, o crees que para dedicarse a la escritura uno debe desprenderse por completo de otras actividades que le demanden mayor tiempo y dedicación?

Si quieres dedicarte a escribir, tienes que organizar tu vida en función de eso. Después de estar quince años en la seguridad de una planilla, opté por ser free lance y solo dedicarme a trabajos alimenticios muy puntuales (columnas, colaboraciones), porque de esa manera —aunque mi presupuesto mensual se haya resentido— satisfago las necesidades de mi vocación. Puedo escribir, leer, idear proyectos, viajar y administrar mejor el tiempo para mí y mi familia. Haré lo posible por mantenerme así.  

SOBRE EL LIBRO
Título: “La distancia que nos separa” (Sexta edición)
Editorial: Planeta
Precio: S/45
Incluye:
-Apuntes de autores como Alberto Fuguet, Santiago Roncagliolo, Edmundo Paz Soldán, Fernando Iwasaki, entre otros.
-Prólogo a esta edición a cargo de Alfredo Bryce Echenique.
-Nota a la sexta edición, por Renato Cisneros.

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