Sicarios entrenados por mafia se dedicarían a tráfico de drogas
Sicarios entrenados por mafia se dedicarían a tráfico de drogas
Ana Briceño

La guerra entre bandas de narcotraficantes por el dominio de las exportaciones de cocaína habría conllevado a que en los últimos dos años más jóvenes del puerto del Callao se convirtieran en y, según el Ministerio del Interior, obtuvieran de manera irregular armas en complicidad con policías, militares y funcionarios.

Esa fue la conclusión de las autoridades después de una investigación de seis meses, que terminó el último miércoles con la captura de nueve integrantes de una presunta que habría abastecido de armas a los sicarios y que los habría entrenado –con uniforme militar y rancho incluidos– en la base Punta Lobos, en Pucusana.

El ex militar de la Fuerza Aérea Roberto Subauste es sindicado de ser cabecilla de la organización. Él estuvo preso desde el 2007 hasta el 2013 precisamente por el delito de tráfico de armas.

El suboficial FAP Alberto Ascarruz, también detenido, habría sido el encargado de facilitar el ingreso de los sicarios a la base militar. Se presume que era amigo de Subauste. Cada uno de los sicarios, según las investigaciones, pagaba US$2.000 por un curso de 15 días en manejo de armas.

“Los hacía ingresar como trabajadores de una empresa de seguridad”, precisó el viceministro de Orden Interno, Rubén Vargas.

–Asesinatos a sueldo–

No se sabe con precisión a cuántos sicarios habría entrenado esta presunta mafia, pero sí se ha confirmado que en el 2015 muchos de estos fueron autores de los asesinatos más sonados en la capital. Ese fue el año en que se conoció que dentro del puerto del Callao se vivía una guerra por el monopolio de la exportación de cocaína.

“Participaron en el asesinato de Patrick Zapata Coletti [amigo del encarcelado por tráfico de drogas Gerald Oropeza]. Ese año capturamos a una serie de sicarios contratados por el narcotráfico y por mafias de construcción civil”, sostuvo el director de Operaciones Policiales, general José Lavalle. Días antes, el 1 de abril del 2015, intentaron asesinar a Oropeza al detonar explosivos en su camioneta Porsche, en San Miguel. 

Nick Romaní, de 23 años, confesó a la policía en el 2015 que participó en el asesinato de Zapata, al igual que otros jóvenes asesinos a sueldo, y que cobró US$800.

Asimismo, los sicarios entrenados en la base militar también habrían asesinado al cadete de la policía Percy Gonzales en febrero del 2015, y a Carlos Santisteban, dueño de un restaurante en San Miguel.

“La policía empezó a investigar por qué los sicarios conseguían con tanta facilidad armas y fue así que se descubrió esta mafia”, detalló el ministro del Interior, Carlos Basombrío.

Un caso que destacó Vargas fue el de Eduardo Romero Naupay, quien asesinó en febrero de este año a cinco personas en un centro comercial de Independencia. Entre el 2013 y 2016, él compró 425 municiones en unas de las armerías de la mafia ubicada en Breña y que fue intervenida el jueves.

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