Gino Alva Olivera

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Ataviada con un vestido de novia, Maruja viaja sobre el techo de un mototaxi. El vehículo atraviesa una calle sin asfaltar de . A pie, un grupo de niños acompaña el recorrido. Observan a Maruja, agitan los brazos para llamar su atención. Pero ella no se inmuta. Un megáfono instalado a su lado anuncia la llegada del circo. “Aquí está la monita traviesa, niñitos. Hoy para que el público pueda disfrutar de este lindo, alegre, millonario espectáculo”, repite una voz.

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El espectáculo no duró mucho más. El video de la patética escena fue recibido días después, en noviembre del 2017, por el equipo de Animal Defenders International (ADI), una organización dedicada a la protección y rescate de animales silvestres. Cuando las autoridades y ADI llegaron, encontraron a Maruja atada a un poste en un descampado. El circo se había marchado, dejándola para evitar más problemas. Desde el 2010, la ley prohíbe y castiga el uso de especímenes de fauna silvestre, nativas y exóticas en espectáculos circenses itinerantes.

“La mayoría de animales que rescatamos de circos tienen signos de violencia. A muchos monos les quitan los colmillos para que no puedan morder y defenderse”, relata Alexis Díaz, representante de ADI en el Perú. Aunque Maruja conservaba su dentadura, estaba desnutrida. Tras evaluarla, el Serfor la envió temporalmente a un zoológico en Huaral. Y a finales del 2017 pasó al centro de rescate Taricaya, en Puerto Maldonado. El objetivo era intentar que volviera a vivir libre, en la selva de la que nunca debió ser arrebatada.

En estado crítico

Desde el 2014, los maquisapas –como Maruja– están categorizados en el país como una especie en peligro. “Su población está en declive; la reducción es igual o mayor que el 50% del total”, detalla Serfor. Su mayor amenaza es el hombre: la caza para consumo y la venta como mascotas son dos de las razones de la situación actual. En algunas zonas de la selva, como la margen derecha del río Bajo Madre de Dios, donde está Taricaya, se les considera extintos.

En el centro de rescate a Maruja la conocen como la ‘Novia’. Por más de tres años ha compartido una amplia jaula con un grupo de maquisapas jóvenes en el que asumió un rol de madre adoptiva o hermana mayor. “Ella es una hembra adulta. Cuando llegó, teníamos un grupo de cinco monos bien jóvenes. Los juntamos y se adaptaron muy bien. En la noche los ves pegados a su lado para dormir. Con Chacha [una mona joven] es un caso especial, porque cuando estaba pequeña, [Maruja] la adoptó y le dio de mamar”, cuenta la zoóloga Rachel Kilby, administradora de Taricaya.

Maruja era explotada en un circo a pesar de que la ley forestal peruana prohíbe el uso de animales silvestres en espectáculos de ese tipo. (Imagen: ADI)
Maruja era explotada en un circo a pesar de que la ley forestal peruana prohíbe el uso de animales silvestres en espectáculos de ese tipo. (Imagen: ADI)

El biólogo Raúl Bello, experto en primates, explica que en libertad, los maquisapas viven en grupos de hasta 40 individuos, y pueden moverse en territorios de entre 2 y 3 kilómetros cuadrados. Se alimentan de frutos y prefieren los árboles más altos. En el día se dividen en subgrupos para abarcar más terreno y por las noches suelen juntarse para dormir.

Por ello, la convivencia es clave en el trabajo previo a la liberación: los individuos deben pasar tiempo juntos, interactuar y establecer vínculos que les permitan comportarse como un grupo sólido.

En Taricaya se les practican exámenes médicos y se monitorea su comportamiento. “Tratamos de darles el máximo cuidado y atención. Acudimos a ellos, los tocamos y atrapamos solo cuando es necesario”, asegura Diego Rolim, médico encargado del centro de rescate por más de un año y medio.

Pero el éxito no está asegurado: algunos monos podrían morir víctima de un depredador o volver al centro de rescate. La tasa de éxito de individuos que se quedan en la naturaleza es de un 48%.

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De vuelta a casa

Una tarde soleada de este año, el personal del centro conduce en caniles a Maruja y a su grupo por el bosque. La caminata dura 15 minutos y el destino es el Canopy, un mirador adaptado sobre un árbol de 40 metros. Las nueve jaulas son colocadas en fila sobre el suelo. Una a una, van abriéndolas. Algunos maquisapas resbalan cuando intentan trepar por los arbustos. Otros corren y se pierden en el follaje. Maruja se aferra a un tronco y sube hasta desaparecer entre los árboles.

Juntos, los monos deberán ir adaptándose a su nuevo hogar. El viaje recién ha comenzado.

Abriendo las jaulas. Algunos maquisapas resbalan cuando intentan trepar por los arbustos. Otros corren y se pierden en el follaje. Maruja se aferra a un tronco y sube hasta desaparecer entre los árboles. 
 (Foto: ADI)
Abriendo las jaulas. Algunos maquisapas resbalan cuando intentan trepar por los arbustos. Otros corren y se pierden en el follaje. Maruja se aferra a un tronco y sube hasta desaparecer entre los árboles. (Foto: ADI)

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