Comandos Chavín de Huántar y el orgullo de vencer a la muerte
Comandos Chavín de Huántar y el orgullo de vencer a la muerte
Roger Hernández Sánchez

“Estoy orgulloso de pertenecer a una generación de militares victoriosos”, comenta el contralmirante AP (r) Carlos Tello Aliaga al evocar la operación Chavín de Huántar, la misma que permitió la liberación de 72 rehenes la tarde del 22 de abril de 1997.

A 20 años del exitoso trabajo llevado a cabo por los comandos militares frente al grupo de 14 terroristas del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) que tomó la residencia del embajador de Japón en el Perú, Tello Aliaga puede relatar el hecho como si se tratara de un suceso ocurrido ayer.

“Al final de la operación tuve sentimientos encontrados. La alegría de haber terminado esa pesadilla para la gente, pero también el dolor de haber perdido a compañeros de armas. Juan Valer era un gran amigo mío. Entablamos una amistad muy fuerte. Éramos de la misma edad y también los que poníamos la alegría en el grupo”, asevera a El Comercio.

Para el Capitán de Navío AP Manuel Parrales Rospigliosi, el trabajo solicitado en lo que luego sería la operación Chavín de Huántar lo llevó a intensificar el entrenamiento de su unidad respecto a situaciones que comprometían rehenes y manejo de explosivos.

“Yo era jefe de una compañía de la unidad especial de combate de infantería de la Marina. Cuando se reúne el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, ellos convocan a las unidades que tenían entrenamiento en esos temas. La única unidad en el Perú que estaba íntegra en ello, en ese momento, era la nuestra”, señala.

“Se me vienen a la mente los motivos por los cuales llegamos a ese nivel de crisis. Los terroristas nos llevaron a un caos a nacional y a un problema observado por la comunidad internacional. También tengo presente el recuerdo de mis compañeros caídos, el rehén fallecido”, agrega Parrales Rospigliosi.

Estar preparados para todo
Carlos Tello Aliaga era jefe de la Unidad Antiterrorista de la Marina en aquel verano de 1997, aunque ya tenía una amplia trayectoria en situaciones de emergencia. Asegura, en ese marco, que la experiencia es un aliado vital respecto a las situaciones de alto riesgo.

“¿Qué tiene que hacer uno cuando salta de un avión? Concentrarse. Uno entiende que el día que va a morir es porque tiene que morir. No puede ser por descuido, por ser demasiado arriesgado o cauteloso. Uno no puede enfocarse en la esposa, en los hijos, en estampitas o patas de cuy. Es un poco duro pero es la realidad. Uno no puede pensar en otra cosa que no sea su misión porque de lo contrario lo pueden matar”, dice.

Asimismo, recuerda que poco antes de las 3:23 p.m., hora en la que se inició el operativo Chavín de Huántar, tuvo una conversación con el coronel Juan Valer, quien murió cumpliendo su misión de rescatar sano y salvo al canciller Francisco Tudela.

“Antes de entrar a la residencia conversé con él. Me dijo ‘cuidado que te vayan a matar’, porque para cargarme a mí se necesitan ocho personas. ‘Yo soy inmortal, nunca voy a morir’, le respondí. No podemos estar nerviosos”, confiesa.

Manuel Parrales Rospigliosi, por su lado, comenta que la Marina estaba encargada de las actividades con explosivos, cruciales para el ingreso a la residencia, así como de los francotiradores apostados en los techos y exteriores.

“Ingresamos a las habitaciones en equipos combinados. En mi equipo éramos 11 personas donde 5 eran de la Marina y 6 del Ejército. Por ese sector se rescataron a 11 rehenes. Para ese entonces ya nos habíamos identificado con las vivencias de ellos y éramos conscientes de la necesidad de liberarlos con vida. Además, teníamos en mente el riesgo de hacer fracasar al país”, afirma.

Dos décadas después
A pesar de los méritos alcanzados por los comandos en la operación Chavín de Huántar, no han estado exentos de ser cuestionados por diversos motivos. Parrales Rospligliosi apunta que las críticas que se formularon esta semana en el Congreso no tienen base.

“Por ejemplo, es bastante absurdo querer comparar una supuesta desventaja. Si bien eran 14, sí tenían armas y fueron abatidos en combate. Ellos optaron por enfrentarse al Estado peruano y se enfrentaron, justamente, con algo muy representativo del nuestro país: sus fuerzas armadas”, rescata.

Finalmente, Carlos Tello Aliaga asegura que los juicios realizados contra los comandos por presuntas ejecuciones extrajudiciales son injustos, y que no logran arrebatarle el orgullo que siente por los resultados obtenidos en el operativo Chavín de Huántar y en otras situaciones de emergencia.

“Con juicios he ido a Chavín de Huántar, al VRAEM. Me siento contento porque vivimos en paz a pesar de que todos los fines de mes tengo que ir a firmar como un delincuente. Esa es nuestra formación, yo nunca he perdido un combate […] No pedimos que nos consideren héroes, porque eso es relativo. Pedimos respeto, como cualquier otro profesional. Que no nos metan a todos los militares en un saco por algunos pocos malos elementos. No podemos cargar esa cruz”, sentencia.

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