Carlos Meléndez
Carlos Meléndez
Fernando Vivas

Columnista, cronista y redactor

fvivas@comercio.com.pe

De vuelta de hinchar –y sufrir– con la selección en Saransk, Carlos Meléndez intenta explicarnos, entre otros trances de la política, por qué los afectos que despierta el fútbol son de naturaleza y cuantía mayor que los que provocan el Gobierno y la oposición. Pronto presentará su libro “El Informe ‘Chinochet’. Historia secreta de Alberto Fujimori en Chile”.

—Escribiste sobre la ausencia de una narrativa nacional en la política como sí la hay en la gastronomía o el fútbol. ¿La sigues buscando?
No, y creo que no la va a haber. Pero el peruano promedio sí la necesita. Hay una ansia de pertenencia a una identidad colectiva.

—¿El destrabe de PPK no califica de narrativa?
No, eso es una narrativa para un interés particular.

—¿“Gobierno para las regiones”, como dicen Vizcarra y Villanueva, califica?
En teoría, sí. Ellos son resultado de la descentralización. Hemos pasado de la tecnocracia limeña a la provinciana. Las reformas de ajuste y la centralidad del MEF formaron una tecnocracia limeña; la descentralización formó su propia tecnocracia.

—Nos falta identificarla, pero sumemos a Edmer Trujillo en el MTC.
Sí, y mira a Gregorio Santos, con dos o tres gestiones, ha formado la suya. Por carambola, ha llegado el turno de la tecnocracia chola, distinta a la limeña, preocupada por los indicadores económicos, pero también por el tacto con la gente, sensible al tacto popular, la necesidad de la obra, la amenaza de un paro. Eso es subordinado para la tecnocracia limeña.

—Una fuente de alto nivel me dijo que recularon en el tema de la gasolina porque temían al sur.
Les creo. Han gobernado sobre paros, bloqueos de carreteras. Es una tecnocracia provinciana que se forjó lidiando en una pelea doble, con el MEF y con la protesta social.

—Pero tampoco en las regiones los aprueban.
Un gobierno regional no gobierna para las encuestas porque ni las tienen. Tu termómetro de la opinión pública son los paros, los frentes regionales. No hay Ipsos Moquegua. Están aprendiendo recién que existen encuestas que son un factor de veto en las decisiones. Están aprendiendo a manejar la comunicación política.

—¿Los ayuda que medio Gabinete viaje todas las semanas sin plan preciso?
Fujimori hacía eso pero tenía una narrativa detrás, algo así como inaugurar un colegio por semana. No solo era el paseo. El viaje debe tener una articulación discursiva.

—Has dicho que no se puede pedir mucho a Vizcarra.
No se le puede pedir mucho a alguien que no ha sido elegido directamente y no pertenece a un partido político.

—Ojalá tuviera un ápice de la generosidad con la que la población recibe a la selección.
La clase política está desprestigiada. El éxito de la selección en términos de puntos es mediocre, pero está protagonizado por un ‘outsider’, Gareca, el actor externo que viene a demostrarnos que podemos hacer un desempeño decente. Eso es sobrevaluado. Vizcarra, es como si ‘Petróleo’ García [entrenador peruano] fuese DT de la selección. Puedes confiar en un ‘outsider’, pero no en quien no tenga roce.

—En esa desconfianza está el complejo.
La política no solo se estructura en función de fujimorismo y antifujimorismo, sino en complejos de clase.

—Paolo Guerrero sí es héroe a pesar de tener sanciones. A los políticos se los condena por la mínima sospecha.
El político no te da nada. Paolo da goles cuando estamos perdiendo, es muy pragmático, no principista.

—¿A Cueva se lo va a perdonar?
Creo que no. Los complejos de clase van a entrar a jugar ahí. ¿Quién es su auspiciador? No es un banco, es la Caja Trujillo. Las diferencias de clase están imbricadas en todo, más de lo que creemos.

—¿Se está rompiendo la armonía entre Vizcarra y Villanueva?
No veo a otro [en la] PCM llevándose mejor. Los une un proyecto vivencial, haber sido gobernadores de regiones secundarias. Las animadversiones hacia Villanueva pueden emplearse para empoderar al presidente. Es la oportunidad para ensayar la idea de Vizcarra como jefe de Estado y Villanueva como jefe de gobierno.

—¿“El Perú avanza” era un buen lema?
Creo que no, porque generaba una sensación de privación relativa. ¿Quiénes avanzan si yo no avanzo? Generaba conflictividad.

—La conflictividad del crecimiento y su reparto.
Se aumentaron las expectativas de la gente. Y ahora no somos conscientes de que no hay que pedirle mucho a este gobierno. Su legitimidad es de las reglas, no de las instituciones.

—Se puede gobernar con un dígito de aprobación, pero no con conflictividad.
Hay un ejemplo contemporáneo: Temer gobierna con 9% y ha hecho reformas increíbles de presupuesto. Es impopular, pero es un dinosaurio de la política. Vizcarra es un ‘newcomer’ en la política limeña, no se le puede exigir una reforma. Lo que puede hacer en estos tres años son ajustes menores, complementarios.

—El ex ministro David Tuesta planteó algunos: ampliar la base tributaria, combatir a elusores. No se atrevió.
Se están acomodando. No espero mucho en reformas políticas. ¿Alguien tiene un plan en este gobierno?

—Los organismos de planificación o están disueltos o no se les hace caso.
No tenemos mapas, no sabemos a dónde ir. Lo que sí se le puede pedir a Vizcarra es reconstruir esas instancias de planificación y elaborar las bitácoras para los próximos gobiernos.

—El fujimorismo tampoco ha hecho reformas desde el Congreso.
Es nuestro partido popular en lo bueno y en lo malo. En lo bueno es que tiene representación y conexión con ese tipo de actores con un pie en la informalidad y otro en la ilegalidad. Tiene la representación política del ímpetu popular y cree que eso es suficiente para gobernar. Es una clase política emergente que no sabe lidiar con las instituciones, con la libertad de prensa.

—El gobernador Cillóniz se queja de que los congresistas están con la corrupción en Ica y Keiko da la razón a los congresistas.
Porque le preocupa más la representación que la gobernabilidad. ¿Dónde están los tecnócratas, la élite intelectual fujimorista? Tienen músculo, pero no tienen materia gris, y un Congreso sumamente desprestigiado.

—¿La campaña regional y municipal será otra vez de fragmentación?
Sí pues, cuando priman los antis y los odios, son los anticandidatos; cuando priman la indiferencia y la desafección, tenemos a los minicandidatos.

—Desafección y mala leche. Hay alegría por el revés tramitológico ajeno.
Cuando el peruano promedio resuelva su problema con las normas, se van a empezar a resolver muchas cosas.

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