El primer ministro, Salvador del Solar, estuvo presente en la firma del acuerdo entre los países de la CAN. (Foto: Alessandro Currarino/ El Comercio)
El primer ministro, Salvador del Solar, estuvo presente en la firma del acuerdo entre los países de la CAN. (Foto: Alessandro Currarino/ El Comercio)
Diana Seminario

Analista política

La reforma política se ha convertido en el nuevo caballito de batalla del . Sin embargo, lo que se avizora hasta el momento es que este nuevo globo de ensayo no ha tenido los efectos esperados. ¿Mal cálculo o simple ineptitud?

A diferencia del tan aplaudido referéndum, esta vez , Del Solar y sus asesores no las tienen todas consigo. Al último pedido de confianza que acompaña las reformas, le falta ese tufillo de “lucha anticorrupción” con que nos presentaron la consulta popular. Es que viniendo del Ejecutivo, esa frase ya perdió todo efecto.

La carta enviada por el primer ministro al Parlamento planteando la cuestión de confianza no tuvo el aplauso esperado –excepto por quienes han de tener nostalgia de ‘dictadura fujimorista’, aunque renieguen de su pasado–, pero ese es otro tema.

Fijar plazos de aprobación, que no se desnaturalicen las propuestas y dar la confianza por rechazada si se exceden las fechas no solo sobrepasa las atribuciones constitucionales, sino que es una flagrante falta de respeto a la institución del Parlamento. Se puede estar en desacuerdo con la mayoría de sus integrantes, pero en una democracia el Congreso no solo es necesario, sino que resulta imprescindible.

Pareciera que al presidente de la República lo que menos le interesa es la reforma, pues un verdadero estadista no se estaría disparando a los pies con el documento enviado al Congreso por su primer ministro, el que ha sido rechazado por constitucionalistas principistas que defienden la Carta Magna antes que al gobierno de turno. Para todo lo demás están los juristas express.

Ya lo dijo el presidente del Tribunal Constitucional, Ernesto Blume: el mandatario no está habilitado constitucionalmente para imponer al Poder Legislativo la aprobación de contenido o alcances de una ley de reforma constitucional.

Por eso cabe preguntarse: ¿cuál es el afán y la premura de la reforma con cuestión de confianza incluida? ¿Las reformas van a disminuir los niveles de anemia que padecen nuestros niños? ¿Se va a mejorar la educación? ¿Desaparecerá la corrupción? ¿Despegará la economía? Porque si esto fuera así, se entendería el empecinamiento de Vizcarra y su primer ministro.

Diera la impresión de que se trata de ocultar no solo las falencias del Ejecutivo, sino que se busca con urgencia convertirse en el ‘gran reformador’ para no pasar a ser parte de la lista de quienes cayeron en la corrupción ejerciendo un cargo público.

En este contexto, no podemos dejar de mencionar la carta enviada por Martín Vizcarra al fiscal Walker Ríos Calisaya para ponerse a disposición y ser investigado. La respuesta del fiscal fue que la investigación está concluida y solo están a la espera del 2021 en que culmine su mandato para formular la acusación. ¿Alguien querrá extender su período de inmunidad?

Viendo las cosas en perspectiva y ante el clamoroso error que a todas luces cometen Vizcarra y Del Solar con el pedido de confianza, vale la pena sospechar de las verdaderas razones detrás de este sobreactuado guion y pensar más bien que todo esto es una cuestión de desconfianza.