(Foto: Rossana Echeandía | Archivo personal)
(Foto: Rossana Echeandía | Archivo personal)
Rossana Echeandía

Ese martes 7 de febrero llegué temprano al diario. Estábamos más alerta que nunca por el conflicto con Ecuador, aunque todavía no se medía la verdadera dimensión de lo que estaba ocurriendo. La información ecuatoriana, evidentemente a favor de su postura, era abundante; la peruana escasa o inexistente.

Para entonces, en Río de Janeiro se estaban reuniendo los representantes de los cuatro países Garantes del Protocolo, y los del Perú y Ecuador. La guerra informativa la iba ganando Ecuador. Si aquí no nos dan información, nos vamos a buscarla a Brasil, fue la consigna, así que Juan Paredes Castro, editor de Política, me dijo: Rossana, te vas a Brasil. De acuerdo, le dije yo, ¿cuándo? Esta tarde, fue su respuesta. Ya está tu pasaje.

Y partí, pero rumbo a Brasilia, a donde se había mudado la comitiva diplomática.

Fui la única periodista peruana durante toda esa etapa de las conversaciones. El periodista Edgar Vásquez, entonces de Teleamazonas, era el único ecuatoriano. El resto era un grupo muy simpático de corresponsales de las agencias internacionales que trabajaban en la capital brasileña.

Diez días después, el 17 de febrero de 1995, tras horas y horas de reuniones con la delegación peruana y la ecuatoriana, los Garantes parecieron haber logrado un acuerdo para firmar la que significó el primer paso para los acuerdos que tres años después dieron un vuelco a las relaciones entre Perú y Ecuador.

Ese día, las reuniones comenzaron a eso de las 8 de la mañana. Pasaban las horas, salían unos y entraban otros a la sala de reuniones del hermoso Palacio de Itamaraty. Cerca de la medianoche empezó a llegar personal administrativo de la Cancillería Brasileña, señal de que algo importante iba a pasar. Y así fue. Poco después, el garante argentino se asomó desde el segundo piso donde se reunían y mirándonos a los periodistas que habíamos montado guardia durante todo el día, levantó el dedo pulgar. Aplaudimos y los colegas nos abrazaban a Edgar y a mí alegrándose del final de un conflicto absurdo. Una foto de los dos tomados del brazo fue publicada en uno de los diarios brasileños y declaraciones de ambos celebrando el acuerdo.

A esa hora tuve que enviar mi reporte. Eso fue hace 25 años y no, no había Internet. En Itamaraty pusieron, a disposición nuestra, máquinas de escribir y un fax con conexión internacional. Yo había ido avanzando mi historia a lo largo del día, con detalles de lo que iba sucediendo y lo que iba sabiendo gracias a mis fuentes allí. La envié por fax y la completé dictando por teléfono los párrafos iniciales, con el cierre histórico de ese largo día. En El Comercio, me esperaban para la nota principal del diario, la portada y el editorial. Dos horas de diferencia me salvaron de causar un cierre tardío, aunque el acontecimiento lo hubiera merecido.

Terminado mi trabajo, como a las dos de la madrugada, aún me esperaba un brindis en la Residencia del Embajador del Perú en Brasilia, Alejandro Gordillo, con toda la delegación diplomática peruana que tan intensa y exitosamente había trabajado. Me excusé de asistir debido a la hora, pero insistieron en que me estaban esperando. Al fin y al cabo, los había acompañado a lo largo de toda esa parte de la historia del Perú. Llegué y allí estaban. Brindamos con alegría y emoción por lo logrado. De esa noche guardo una fotografía que muestra el final de una de las coberturas periodísticas que con más cariño guardo en mi corazón.

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