Salvador del Solar: “La cultura merece un presupuesto mayor”
Salvador del Solar: “La cultura merece un presupuesto mayor”
Giulio Valz-Gen

En febrero del 2015, el alcalde de Lima, Luis Castañeda, había borrado los murales del Centro Histórico y cuestionado la gestión cultural de su antecesora, Susana Villarán. En ese contexto, Salvador del Solar –actor, director de cine, abogado y hoy ministro de Cultura– escribió en una columna para este Diario: “[Los calificativos lanzados contra quienes hacen arte] son reflejo de una sociedad que considera la cultura como algo prescindible, que tiene a los artistas como parásitos”. Vía telefónica desde Colombia, donde vive y adonde viajó por unos días para luego reincorporarse al Gabinete, Del Solar conversó con El Comercio sobre varios temas relacionados a su sector.

—Precisamente, tras su nombramiento, las primeras críticas –incluso las de algunos congresistas– se centraron en que usted es actor.

Todas las críticas me parecen atendibles y hay que escucharlas. Entiendo la preocupación ante mi falta de experiencia en la gestión pública; me parece válida. Pero creo que es importante –y ahí también hay un reto para el sector Cultura– que entendamos que el arte y la cultura tienen mucho que aportar y que decir.

—¿Cómo suplirá su poca experiencia en el sector público?

Me siento respaldado por mi formación como abogado y por mi maestría en Relaciones Internacionales. No obstante, creo que no debe desmerecerse mi condición de actor y director de cine, sino valorarse porque tengo algo que aportar desde esa esquina.

—Permítame citarlo de nuevo: en la misma columna de opinión, usted definió la cultura como “el mejor antídoto contra la estupidez y la arbitrariedad”. Hoy, como titular de esta cartera, ¿ratifica tal definición?

Suscribo mi columna. Tenemos un pasivo inmenso en el capital cívico. Los peruanos no nos tratamos muy bien entre nosotros mismos. No solo pongo el ejemplo de lo que ocurrió en el Congreso [con la interpelación al ministro de Educación, Jaime Saavedra]. No solo son nuestros congresistas, somos todos. Creo que el rol de la cultura debe ser mejorar nuestra convivencia, valorar nuestra diversidad. Podemos discrepar y convivir.

— A propósito de la palabra discrepar: antes de la segunda vuelta electoral, usted marchó en contra de Keiko Fujimori. ¿Cuál es su posición ahora frente al fujimorismo?

Hablaré a título personal: efectivamente, yo fui parte de esas marchas con el derecho que le asiste a cualquier ciudadano de tener una preferencia política; sobre todo, de hacerla pública en tiempos de elecciones. Ahora integro el Gabinete y trato de trabajar para todos los peruanos, incluyendo a quienes no están en la misma tienda política.

— ¿Y qué opina sobre la posible censura al ministro Saavedra?

Debemos seguir trabajando pese a ser minoría en el Congreso. Tenemos que ver cómo defendemos nuestras ideas y conseguimos aliados suficientes para sacarlas adelante.

— ¿Cree que el presidente Kuczynski debería plantear una cuestión de confianza en respaldo al ministro?

No voy a pronunciarme sobre lo que deberían hacer el presidente o el primer ministro Fernando Zavala.

— Trascendió que usted siempre fue la primera opción de este gobierno para ser el ministro de Cultura.

Supe que, al principio, mi nombre fue considerado para el cargo que hoy ocupo, pero no fue más que eso.

— ¿Quién lo contactó ahora?

Me llamó directamente el primer ministro. Conversamos sobre mi disponibilidad, porque yo llevo más de 10 años viviendo en Colombia. Hablamos sobre el hecho de que me tomaría unos días tras la juramentación, ya que debía dejar las cosas lo suficientemente listas aquí para asumir esta responsabilidad.

— ¿Qué le ha pedido el presidente Kuczynski para su gestión?

Conversamos varias cosas, entre ellas, dar continuidad a las políticas culturales, que apenas están iniciándose. Yo las respaldo y ya me estoy familiarizando con ellas.

— En líneas generales, ¿cuáles son esas políticas para el sector?

El ministerio debe jugar un rol importante para que no solo se entienda la cultura como el patrimonio arqueológico, como las industrias culturales que tenemos que fortalecer, sino para que desde la cultura se hagan esfuerzos intersectoriales que promuevan una manera de vivir en democracia.

— Desde su creación, el sector ha tenido una partida que no ha superado el 0,4% del presupuesto total de la nación. ¿Le parece suficiente?

Claramente, no. Y seguramente la respuesta es la misma para cualquier otro sector. Eso nos coloca frente a un reto: convencer a nuestro gobierno, a nuestra clase política y a nuestra ciudadanía de que la cultura merece un presupuesto mayor.

— ¿Cómo convencerá a todos?

Es un presupuesto que hay que ganarnos en base a un esfuerzo persuasivo. Pero hay otras opciones: impulsar la ley del mecenazgo cultural, buscar que las industrias culturales –como el cine– tengan mecanismos de estímulo tributario y así se puedan dirigir recursos desde el sector privado.

— ¿La ley de mecenazgo cultural y la ley del cine serán promovidas finalmente por su gestión?

El intento no es nuevo, pero no deja de ser importante y urgente. Ya estamos avanzando para tratar de establecer una cuenta satélite en el INEI, que mida el impacto económico de las industrias culturales de manera más adecuada. La cultura también genera desarrollo económico.

— ¿Pero, cómo se puede avanzar si, por ejemplo, este año el sector solo dispuso de S/1,50 por cada peruano para la promoción y el desarrollo de las industrias culturales?

Estoy de acuerdo. Como dije, la realidad nos hace ser imaginativos y persuasivos. Tenemos que buscar la colaboración de diferentes sectores con los que podemos compartir parte del presupuesto para conseguir objetivos mutuamente provechosos.

—Por ejemplo, ¿qué sectores?

Se sabe que los Puntos de Cultura [programa que congrega a 3.500 organizaciones] disminuyen la delincuencia. La presencia de eventos culturales resulta preventiva para la salud. El cine puede promover el turismo. Debemos pensar en esquemas de trabajo en los que tanto el sector Cultura como Salud, Interior y otros encuentren un beneficio y compartan parte del gasto.

—Esta semana se aprobó el Decreto Legislativo 1255, con el que se eliminó la competencia del ministerio de paralizar las obras que afecten el patrimonio. ¿Este podría significar un candado para su gestión?

No quisiera responder sobre un tema así de complejo sin estar completamente familiarizado con él. Sin embargo, creo que tenemos que ser celosos en la defensa de nuestro patrimonio, sin que ese celo se convierta en un obstáculo insuperable. Veré con atención el asunto.

—Recordará la norma que buscaba que las entidades privadas puedan administrar parte del patrimonio. Ese Decreto Legislativo [el 1198] fue derogado en noviembre del 2015 por el Congreso, ya que se consideró que promovía la “privatización” de nuestros monumentos. ¿Coincide con esa afirmación?

Creo que es importante que entendamos el patrimonio cultural como un patrimonio de todos. Estoy convencido de la necesidad de lo público. También hay que ser cuidadosos en aquellos asuntos que puedan ser materia de algún tipo de privatización.

—¿Promovería una norma similar?

Estoy a favor de estudiar la posibilidad de que, en algunos supuestos, pueda haber una gestión privada que no solamente utilice, sino que ponga en valor parte del patrimonio. Eso merece un estudio cuidadoso.

—Su sector asumió la gestión del Instituto Nacional de Radio y Televisión del Perú (IRTP). Sobre los medios de comunicación: ¿regulación de contenidos o autorregulación?

Me opongo a la regulación de contenidos y estoy a favor de las campañas que busquen alertarnos de contenidos que puedan resultar discriminatorios o inapropiados para menores.

—¿Cuál debe ser el rol del IRTP?

Demostrar que se puede hacer contenido de calidad y de valor. Por ello, respaldo la gestión de su presidente Hugo Coya, bajo la visión de que nuestro canal de televisión deje de ser concebido como un canal estatal y se convierta en un canal público.

— La interculturalidad es un eje importante del sector y el viceministerio a cargo gestiona la consulta previa con los pueblos indígenas. ¿Cuál será su línea de acción?

Aprovecho tu pregunta para destacar algo que creo que tenemos que combatir: la interculturalidad no es sinónimo de conflicto. La interculturalidad no tiene en principio nada que ver con los conflictos. Nos estamos acostumbrando a asociar la interculturalidad y la consulta previa con conflictos: ese esquema mental reduce el concepto, hace que se le interprete como un obstáculo. La interculturalidad es el reconocimiento de que vivimos en un país múltiple, plural, donde coexisten y no han sido siempre atendidas diferentes maneras de ver el mundo. Desde el ministerio, entonces, el concepto es así de amplio, por lo que el sector no pretende reducir su trabajo a la reacción ante posibles conflictos, sino avanzar en la inclusión y en el reconocimiento de la diversidad de nuestros ciudadanos.

— Otro tema pendiente es el Museo Nacional (MUNA), que se construirá en Pachacámac.

Estoy poniéndome al tanto del problema. Sé que se trata de un proyecto de gran importancia.

— Su antecesor Jorge Nieto no había descartado un posible traslado del proyecto, luego de las críticas de expertos como Walter Alva y Ruth Shady. ¿Usted sí lo contemplaría?

No se debe descartar la posibilidad de que pueda tener otra sede, si se concluye que es lo mejor. No estoy adelantando una opinión, pero es algo que podría discutirse.

— Hoy la Biblioteca Nacional no tiene director, tras la renuncia de Ramón Mujica por discrepancias con Nieto. El Gran Teatro Nacional tampoco tiene una persona a cargo. ¿Esto es su prioridad?

No podemos mantener así estos espacios. Tengo algunos nombres en mente y estoy haciendo las consultas del caso.

— ¿Estamos ante un Salvador del Solar que podría ser una figura política en el futuro?

Siempre me he sentido como un ciudadano con una inquietud política por encima del promedio. Aunque me considero un comunicador y lo disfruto especialmente desde la narrativa teatral y audiovisual.

— Entonces, no dejaría la actuación.

El cine es mi casa, pero esta oportunidad me abre el camino para una experiencia que todavía está por manifestarse. Así que necesito un tiempo para saber si me siento en casa también en este nuevo terreno. Quizás, al final, esta etapa pueda considerarse como un paréntesis en mi trabajo como actor y director. Me es difícil saberlo.

— En lo personal, ¿cómo se siente al asumir este cargo en una situación política compleja?

Me siento genuinamente honrado. Para mí y para mi familia se trata de una oportunidad que no esperábamos, sobre todo para mis hijas, que viven en Colombia a pesar de ser peruanas. Es una oportunidad para que ellas vean que se pueden abandonar las metas personales y sumar por el país de todos.